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"He venido a vigilar que no le pase nada": el gesto de Paco Rabal cuando murió Franco con el director que lo descubrió

Un repaso a su carrera por el centenario de su nacimiento

"He decidido quedarme en su casa para vigilar que no le pase nada"

"He decidido quedarme en su casa para vigilar que no le pase nada"

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En Sucedió una noche repasaron la trayectoria de uno de los grandes nombres de la historia del cine español. Se trata de Paco Rabal, de quien este año se han cumplido 100 años de su nacimiento, por ello se ha querido hacer un homenaje a su figura, una que se fue forjando poco a poco, porque antes de su éxito con Luis Buñuel, de casi dos centenares de películas y de sus premios en Cannes o en los Goya, hubo un joven que tuvo que abrirse paso desde lo más abajo, desde fuera del sector y vendiendo chucherías en un negocio que él mismo decía que no fue muy productivo, porque se comía más pipas de las que conseguía colocar. Nacido en la Cuesta del Gos, una zona minera de Águilas (Murcia), es el vecino más ilustre de la zona, la cual tuvieron que dejar atrás.

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Su padre era minero, pero cuando la minería entró en declive, se trasladaron a Madrid en busca de nuevas oportunidades. El propio Rabal explicaba que su progenitor, "cuando terminó la Guerra Civil, se colocó en Cuelgamuros, el Valle de los Caídos, para abrir el boquete. Él y cinco extremeños le pagaron allí el primer picotazo y ahí fue donde se le fue incrementando la silicosis". La enfermedad empeoró y desde muy pequeño tuvo que empezar a buscarse la vida para ayudar en el sustento de su familia, fue cuando comenzó a vender caramelos y pipas, hasta que entró a trabajar como aprendiz eléctrico en los Estudios de Cine Chamartín. De alguna manera, su primera toma de contacto con la industria. Ahí se fue fijando en los entresijos cinematográficos e intentó meter cabeza. "Cuando el equipo de rodaje se iba a comer, dejaban los guiones encima de las mesas y yo los leía y veía que había un papel de un botones que llevaba un ramo de flores. Entonces le dije al ayudante: '¿Por qué no hago yo el papel de botones que lleva las flores?' Y me respondió: 'Anda, chico, sigue de electricista y déjate de tonterías'".

No tendría suerte en ese intento y lo más que consiguió con su empeño era que le dejaran ser doble de luces, que era la persona encargada de ponerse en el lugar de los actores para ver cómo quedaban iluminados antes de rodar. Así estuvo hasta que un día un director se fijó en él. Fue Rafael Gil, que en una de esas pruebas se dio cuenta de que podía quedar bien en el film que tenía entre manos "Ese chico tiene cara de cateto, le vamos a dar un papel de figurante. Que salga en la escena de los corrales'", le dijo al equipo, el comienzo de Rabal en su carrera de extra, haciendo varias películas saliendo tras los actores principales. Ese fue el punto de inflexión, porque Gil no se olvidaría del murciano, a quien llevó en volandas dándole una confianza que nunca se le olvidaría.

Paco Rabal, el muchacho que pasó de encender focos  a convertirse en un actor fundamental del cine español

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Lealtad por encima de todo

Como describían en el reportaje de Sucedió una noche, Paco Rabal era un hombre de trato fácil, gran conversador y campechano, así como también un excelente compañero, por eso no había nadie en el mundillo del cine español que no se refiriera a él con una sonrisa de cariño. El actor decía que había leído un libro del actor Michael Redgrave, padre de Vanessa Redgrave, "en donde decía que un actor no debe trabajar nunca para el público ni para sí mismo, sino para el compañero, porque trabajando para el compañero trabajas para el público, para ti y para el compañero". Ese era uno de sus valores vitales, así como la lealtad extrema. Esto se demuestra con lo que hizo varias décadas después, cuando ya era una figura destacable de la industria, con aquel que le dio sus primeras oportunidades.

Aunque fue siempre un hombre de izquierdas, creía que por encima de las ideas estaba la lealtad, así que el día que murió Franco, lo primero que hizo fue ir a ver al director Rafael Gil, que había sido uno de los pilares del cine franquista. Se presentó ante él y le dijo "he decidido quedarme en su casa para vigilar que no le pase nada", demostrando el agradecimiento y la memoria que tenía ante quien le abrió las puertas de la profesión que le cambiaría la vida, el que le dio su primera oportunidad y con quien, a sus órdenes, rodó muchas de sus primeras películas. Y es que, después de aquel día que el chico de las luces entró como extra, Gil le dio frase en una escena de 'La pródiga'. "A las tres y veinte" y "a media noche", esas fueron las primeras palabras que pronunció Paco Rabal en pantalla, el pistoletazo de salida a una exitosa carrera que le llevó a participar en más de 180 películas a lo largo de seis décadas. Y ese inicio nunca se le olvidó al actor.

Escucha Sucedió una noche completo

Este es un fragmento de Sucedió una noche, con Antonio Martínez y Elio Castro. Puedes escuchar el programa completo aquí:

Paco Rabal, Frankenstein y ‘El temible burlón’

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Miguel Muñoz

Miguel Muñoz

(Linares, 1992) Periodista, SEO y redactor digital en la Cadena SER. Graduado en Periodismo por la Universidad...

 

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