El secreto mejor guardado de Paco Rabal: años usando peluquín sin que sus hijos lo supieran
Este pequeño truco oculto le sirvió para mantener su cabello durante los grandes años de su carrera

El secreto mejor guardado de Paco Rabal
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Madrid
Nacido a principios del siglo XX, en los adentros de la Región de Murcia, Paco Rabal, protagonista de este nuevo episodio de Sucedió una noche, se ha convertido en uno de los grandes iconos de la industria cinematográfica española. Ya sea como actor, director o guionista, los éxitos en la carrera del artista español son evidentes, triunfando en los premios Goya, en el Festival de San Sebastián e incluso en el país vecino, cuando el jurado de Cannes le otorgó el galardón a mejor actor por su papel en Los santos inocentes.
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Rabal logró el éxito gracias a sus míticas apariciones en la gran pantalla, pero como toda persona que alcanza sus metas, también guardaba algún truco bajo la manga. El más inesperado, o quizá mejor dicho, el más cómico de estos secretos del intérprete murciano estaba relacionado con su aspecto físico.
"No se lo dije ni a mis hijos"
El actor español gozó de una etapa completamente dorada en lo profesional, llegando incluso a embarcarse en algunas producciones del cine estadounidense, pero esta fortuna artística se contrarrestaba con algunas carencias físicas. Rabal comenzó a perder su cabellera de forma acelerada, quedando su cabeza prácticamente calva, y vista esta situación, el murciano trató de ponerle freno de la forma más sencilla posible, con un peluquín.
Rabal se mantuvo durante varios años haciendo uso de esta prótesis capilar para esconder el brillo de su reluciente coronilla, pero tal fue la vergüenza que pasó, que no le confesó este secreto ni a sus propios hijos.
A pesar de este esfuerzo constante por ocultar su pelo postizo a sus dos pequeños, los hermanos Rabal no tardaron en darse cuenta de que el cabello de su padre no lucía del todo realista. Teresa Rabal, hija mayor del intérprete español, confesó que, cuando veía que su padre permanecía largos ratos encerrado en el baño, le comentaba a su hermano menor: "Benito, no entremos, que está papá poniéndose el peluquín".
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