No, ese sueño no era premonitorio: la explicación psicológica a tus pesadillas
Raquel Mascaraque analiza las causas de las pesadillas recurrentes y la técnica para evitarlas
La explicación psicológica a tus pesadillas
Las pesadillas son universales. Todo el mundo sueña, aunque algunas personas más y otra menos. Durante el sueño REM ocurre algo curioso, la amígdala (gestión del miedo) está muy activa. El hipocampo (memoria emocional) también. La corteza prefrontal (la parte lógica que dice 'tranquilo, esto no tiene sentido') está menos activa. Esto significa que sentimos mucha emoción y poca racionalidad. Por eso en la pesadilla no cuestionas nada, aunque estés huyendo de un dinosaurio en tu oficina.
¿Para qué sirven las pesadillas?
Algunos investigadores como Antti Revonsuo proponen que los sueños, especialmente los amenazantes, podrían funcionar como simuladores de amenazas. Es decir, el cerebro ensaya peligros mientras duermes. Aunque esta no es una teoría cerrada ni universalmente aceptada. Sabemos que el sueño REM ayuda a procesar emociones, pero no podemos afirmar que 'las pesadillas sirven para sobrevivir' como una verdad absoluta.
Lo que sí sabemos es que cuando estamos más estresados soñamos más intensamente y aumentan las pesadillas. Algunas de las pesadillas más comunes son que te persiguen, que se te caen los dientes, caerte al vacío, estar desnudo en público...
¿Por qué son tan comunes?
Las pesadillas reflejan nuestras preocupaciones, miedos o deseos, pero no hay evidencia científica que confirme que hay un significado simbólico universal. Depende de tu experiencia con lo que estás soñando. Un sueño no tiene porqué contener mensajes ocultos del universo, pero pueden reflejar nuestro estado emocional. Hay que tener en cuenta que soñar es una expresión, no una predicción.
Los niños tienen más pesadillas ya que tienen más sueño REM. El sueño REM es la fase en la que más soñamos, la más emocional, la más intensa. En la infancia, el porcentaje de REM es mayor que en la edad adulta.
Además, tienen más imaginación. El cerebro infantil todavía está aprendiendo a diferenciar fantasía y realidad. La corteza prefrontal (la parte más racional, la que pone contexto) todavía está en desarrollo. Así que cuando aparece un monstruo debajo de la cama… el cerebro no dice automáticamente: 'tranquilo, esto es absurdo'. Lo vive como una realidad muy posible.
Y por último, otro factor que influye es que los niños tienen más miedos evolutivos: miedo a la separación de la figura de apego, miedo a la oscuridad, a perderse... Tiene sentido evolutivo que un niño que teme separarse tenga más probabilidades de sobrevivir que uno que se va feliz a explorar solo en mitad de la sabana. Así que muchas pesadillas infantiles giran en torno a eso: perder a mamá o papá, quedarse solo, que alguien les persiga…
Cuando ya somos adultos las pesadillas no desaparecen, cambian de forma. Y suelen aumentar en tres momentos:
- Estrés: si durante el día estás en modo alerta, el sistema nervioso activado… por la noche el cerebro sigue procesando. Más carga emocional diurna implica más intensidad nocturna.
- Cambios vitales: mudanzas, rupturas, duelos, nuevo trabajo, ser madre o padre. Al cerebro no le gusta la incertidumbre y cuando todo se reconfigura, el sueño también se altera.
- Ansiedad mantenida: esa preocupación que llevas semanas arrastrando. Si de día estás en alerta, de noche no se apaga con un interruptor.
En la infancia el miedo es más básico y en la adultez más social.
¿Puedes dejar de tener una pesadilla recurrente?
Según Raquel Mascaraque, lo primero y más importante es revisar tu día a día y tu contexto, a ver si hay algo que te mantenga en alerta. Pero también existe una técnica conductual que se llama 'terapia de ensayo en imaginación'. Esta consta de los siguientes pasos:
- Escribir la pesadilla.
- Cambiar el final de forma consciente.
- Ensayarlo mentalmente despierto.
Este método reduce su frecuencia en muchas personas.