Más allá de los tribunales: el juicio desde la perspectiva de la víctima
Félix Martín analiza el juicio de uno de los casos más relevantes en toda Europa

Caso Pelicot: El juicio desde la perspectiva de la víctima
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Cerramos con Félix Martín una historia que lleva analizando varias semanas en Juzgado de Guardia: el caso de Gisèle Pelicot. En el primer programa hablamos de los hechos, la siguiente semana sobre la investigación y hoy vamos a entrar en el juicio.
Desde el punto de vista de la justicia, el momento clave es el juicio. Es aquí donde las pruebas se analizan, las versiones se enfrentan y un tribunal decide lo que ha pasado y quién es responsable.
¿Cómo se prepara alguien para un juicio así?
El juicio para una víctima no es sólo un acto jurídico, es un acto emocional muy duro. Tiene que declarar, responder preguntas, escuchar versiones de los hechos que a veces intentan minimizar lo ocurrido... Por eso la justicia intenta preparar a las víctimas antes del juicio. Explicarles cómo va a ser la sala, quién va a hablar, cuánto puede durar… esto parece una cosa menor pero no lo es, porque cuando sabes lo que va a pasar, el miedo disminuye.
En el caso de nuestro fiscal, Félix Martín, en la Fiscalía de Barcelona esta preparación se realiza en coordinación con los Mossos d´Esquadra, con el Colegio de Abogados y los magistrados de la AP. En los casos de juicios con afectación grave de personas (libertad sexual) antes del juicio, los Mossos d’Esquadra traen a la víctima a la Fiscalía. No para declarar todavía, sino para que vea quién es el fiscal que va a estar en el juicio. Es importante que entiendan que el tribunal y la fiscalía no son enemigos y que el proceso judicial no es un castigo para ellas. La ley prevé mecanismos para facilitar la declaración de las víctimas, sobre todo en delitos sexuales o en delitos muy traumáticos. Por ejemplo: El juicio puede celebrarse a puerta cerrada para proteger la intimidad de la víctima o declarar detrás de un biombo o por videollamada para no ver al acusado. Algo importante es la prueba preconstituida: grabar la declaración de la víctima durante la instrucción con todas las garantías, para que no tenga que repetir su testimonio una y otra vez.
La importante decisión de Gisèle
En el caso de Gisèle Pelicot, hubo algo más. Ella tomó una decisión antes del juicio muy importante desde el punto de vista jurídico, pero también desde el punto de vista social: Gisèle decidió que el juicio fuera público.
En los delitos sexuales lo habitual es que los juicios se celebren a puerta cerrada para proteger la intimidad de la víctima. Pero Gisèle tomó la decisión contraria. Dijo una frase muy potente: 'La vergüenza no tiene que cambiar de lado'. Durante mucho tiempo, en los delitos sexuales, la vergüenza recaía sobre la víctima: vergüenza de contar lo que pasó, vergüenza de declarar, vergüenza de que la gente lo supiera. Y ella lo que vino a decir es: la vergüenza no es mía, la vergüenza es de los que hicieron esto.
Al hacer el juicio público, Gisèle sabía que todo el mundo iba a conocer su historia, que se iba a hablar de su vida íntima, que se iban a describir hechos muy duros. Pero ella decidió hacerlo y con ello obligaba a la sociedad a mirar el problema de frente.
Un juicio impactante
Debemos mucho a Gisèle, porque aceptar esto significa escuchar en una sala, delante de gente, de periodistas, incluso de desconocidos, cómo se relatan cosas terribles que te han pasado a ti. Pero al hacerlo, consiguió que el juicio tuviera un impacto enorme en Francia.
Otro factor que hizo este juicio impactante es que no hablamos de uno o dos acusados, sino de decenas de hombres. No se trataba de un agresor y una víctima, sino de un marido que había organizado durante años abusos sexuales cometidos por muchos hombres distintos. Y en el juicio había que escuchar a todos esos acusados, sus justificaciones, sus silencios. Cada uno de estos hombres tenía una estrategia diversa. Algunos reconocieron los hechos y otros intentaron minimizar lo que había ocurrido. Otros dijeron que pensaban que la mujer estaba consintiendo. Es decir, muchos no se vieron así mismos como violadores. Esto es muy importante desde el punto de vista psicológico y también jurídico. Muchas veces las personas que cometen delitos no se perciben a sí mismas como delincuentes, se construyen una historia para justificarse.
El error
Ante una argumentación del tenor 'yo pensaba que estaba todo pactado entre la pareja y pensé que ella sólo fingía que estaba dormida' la pregunta que muchos se hacen es: ¿Qué se puede hacer para comprobar si realmente el acusado en cuestión estaba diciendo la verdad? Esta es una de las cuestiones jurídicas más importantes de este juicio y de otros delitos contra la libertad sexual. Porque en muchos delitos sexuales la defensa no discute que hubo relación sexual. Lo que discute es si había consentimiento o si el acusado podía pensar que había consentimiento.
La clave no es sólo lo que pasó, sino lo que el acusado creía que estaba pasando. En Derecho penal existe algo que se llama el error: si una persona actúa pensando que lo que hace es lícito porque cree que la otra persona consiente, la situación jurídica puede cambiar. Por eso en este juicio era tan importante determinar si esos hombres podían realmente pensar que Gisèle estaba consintiendo o no.
La prueba
Aquí es donde entra la prueba. El tribunal manejó varias pruebas muy importantes.
Primero, los vídeos que grababa el marido. Porque el propio marido grababa muchos de los abusos y esos vídeos fueron una prueba fundamental. En muchos de esos vídeos se veía claramente que Gisèle estaba completamente inconsciente, que no reacciona. Eso hacía muy difícil sostener que alguien pudiera pensar razonablemente que estaba consintiendo. El tribunal no sólo tenía testimonios, tenía imágenes y esto es muy importante en un juicio. Porque en Derecho penal lo fundamental son las pruebas. Y aquí había vídeos, informes médicos y conversaciones donde el marido explicaba que la drogaba, había incluso instrucciones que daba a algunos hombres. Es decir, elementos que indican que los participantes sabían que la mujer no estaba consciente.
El tribunal lo que tiene que analizar no es sólo lo que dice el acusado, sino si lo que dice es creíble a la vista de las pruebas. En un juicio no basta con decir 'yo pensaba que…'. El tribunal tiene que valorar si esa creencia era razonable o no, es decir interrelación de las pruebas.
El sentido común y las pruebas, el Derecho penal es aplicar la lógica a los hechos probados. Y en este caso el tribunal consideró que muchos de los acusados no podían no saber que esa mujer no estaba en condiciones de consentir.
En el exterior del tribunal
Mientras todo esto ocurría en el tribunal fuera pasaba algo importante. Porque este juicio no fue sólo un procedimiento penal, sino un acontecimiento social. Durante semanas, en Francia se hablaba del juicio en todas partes. Salió del tribunal y se convirtió en un debate social. Este caso tocaba muchos temas muy sensibles: el consentimiento, la violencia sexual, la responsabilidad individual, la pornografía, la idea de masculinidad… No era sólo un crimen. Era un caso que obligaba a la sociedad a hacerse muchas preguntas incómodas.
Hay una pregunta importante que la sociedad francesa se hizo: ¿Cómo es posible que tantas personas participaran en algo así sin pensar que estaban cometiendo un delito gravísimo? Esto nos lleva a reflexionar sobre algo incómodo: cómo las personas pueden normalizar comportamientos muy graves cuando creen que nadie les va a ver, cuando creen que la responsabilidad es de otro, cuando actúan en grupo o cuando se convencen a sí mismas de que no están haciendo nada tan grave. Hubo concentraciones y artículos de opinión, muchas personas vieron en Gisèle a una mujer que había sido víctima de algo terrible y que había tenido el valor de enfrentarse a un juicio público para que la sociedad entendiera lo que había pasado.
Después de todo lo que hemos contado durante estas semanas —los hechos, la investigación, el juicio y el impacto social— yo creo que este caso deja muchas enseñanzas.
Algunas enseñanzas que sacamos de este importante caso son las siguientes:
- La primera: El consentimiento es algo muy serio. O existe claramente o no existe.
- La segunda: Las personas tenemos gran capacidad para justificarnos a nosotros mismos incluso cuando hacemos cosas muy malas. Por eso el Derecho penal no sólo analiza los hechos, también desmonta las justificaciones.
- La tercera: El grupo puede ser muy peligroso. Cuando la responsabilidad se reparte entre muchos, cada uno siente que su culpa es menor, y eso puede llevar a situaciones muy graves.
- La cuarta: Las víctimas no reaccionan todas igual, no se comportan todas igual, no hablan todas igual. Y no podemos juzgar a una víctima por cómo se comporta, sino por lo que le ha pasado.
- Y la quinta. La justicia no sólo sirve para castigar delitos. La justicia también sirve para que una sociedad reflexione sobre sí misma.




