El secreto detrás de 'Todos los hombres del presidente': así consiguieron recrear el ambiente frenético de la redacción
Robert Redford y Dustin Hoffmann entendieron que la credibilidad de la película dependía de su preparación y se metieron en la piel de los reporteros del Washington Post

Así se construyó el realismo de Todos los hombres del presidente
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Madrid
Todos los hombres del presidente es mucho más que una película sobre el caso Watergate: es una de las recreaciones más fieles del trabajo periodístico que ha dado el cine. Con motivo del 50º aniversario de su estreno, el programa Sucedió una noche, de la Cadena SER, recordó cómo se construyó ese realismo casi obsesivo que convirtió el filme en un referente del thriller periodístico y de la ética profesional.
Robert Redford, además de protagonizar el filme, fue uno de los grandes impulsores del proyecto y se adjudicó a sí mismo el papel de Bob Woodward. Para evitar que la película se desequilibrara y que uno de los dos periodistas acaparara el protagonismo, Redford tuvo claro desde el principio que el otro personaje principal, Carl Bernstein, debía estar a la misma altura interpretativa. Por eso eligió a un actor de primera fila como Dustin Hoffmann. Ambos entendieron que la credibilidad de la película dependía en buena medida de su preparación y se tomaron el trabajo como si fueran reporteros reales.
Durante varias semanas, Redford y Hoffmann estuvieron en la redacción del Washington Post, observaron cómo trabajaban los periodistas y asistieron con ellos a ruedas de prensa. No se trataba solo de aprender procedimientos, sino de captar los gestos, los silencios, la tensión constante y la forma de relacionarse con fuentes y editores. Bernstein y Woodward reales también pasaron mucho tiempo con los actores. "Una de las cosas que observé de Carl era que fumaba sin parar, siempre tenía ceniza en la corbata y en la camisa, y pensé que aquello tenía que aparecer en la película", explicaba Dustin Hoffmann.
La búsqueda de autenticidad se extendió también al espacio físico. Inicialmente se planteó rodar la película en la redacción real del Washington Post, pero la idea se descartó tras comprobar que muchos periodistas no dejaban de mirar a las cámaras, pendientes del rodaje y de la presencia de las estrellas, algo que hacía imposible reproducir el ambiente cotidiano de trabajo. Aquella distracción alteraba justo lo que la película quería mostrar: la normalidad frenética de un periódico en plena investigación.
La solución fue recrear la redacción en un plató. El diseñador de producción acudió al Washington Post y tomó nota de absolutamente todo: mesas, teléfonos, máquinas de escribir, lámparas, papeleras y distribución del espacio. El propio periódico colaboró cediendo abundante material original para que la reproducción fuera exacta. El resultado fue una copia tan fiel que muchos periodistas reconocieron en la pantalla su propio lugar de trabajo.
Redford y Hoffmann fueron incluso más lejos en su método. Memorizaron no solo los diálogos de su personaje, sino también los del compañero, lo que les permitía interrumpirse, solaparse y terminar las frases del otro. Esa decisión dio lugar a escenas llenas de ritmo y urgencia que reforzaban la sensación de estar dentro de una redacción sometida a presión constante.
La película solo narra los primeros meses del escándalo Watergate, cuando el Washington Post era prácticamente el único medio que seguía tirando del hilo. Por eso, como se recordaba en Sucedió una noche, no hay violencia clásica: "las armas eran los teléfonos, las máquinas de escribir y los bolígrafos". Medio siglo después, Todos los hombres del presidente sigue siendo una referencia del cine y una lección de periodismo basada en el rigor, la verificación de los hechos y la independencia frente al poder político.
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