La ley del mercado
Leí el otro día que un juez había imputado a varios futbolistas españoles por comprar en Andorra relojes de contrabando. Relojes o portaaviones, no me quedó claro, porque costaban 100.000 euros o más

Barcelona
Leí el otro día que un juez había imputado a varios futbolistas españoles por comprar en Andorra relojes de contrabando. Relojes o portaaviones, no me quedó claro, porque costaban 100.000 euros o más. No sé por qué, el asunto me hizo pensar en la ley de la oferta y la demanda. O sea, en el mercado.
El mercado es el mecanismo que domina la economía y, en último extremo, nuestras vidas. Habrán oído ya sobre la gran utilidad del mercado: dicen que distribuye los recursos de la forma más eficiente y que asigna el precio correcto a cada cosa. El mercado dice, por ejemplo, que un reloj Patek Philippe Nautilus vale 150.000 euros. No seré yo quien lo discuta.
El mundo del trabajo también está organizado por las reglas del mercado. Los oficios y profesiones que más necesitamos son lógicamente los más cotizados.
Dejemos de lado a los empresarios y a los políticos que roban a lo grande, como Trump y Putin, y ciñámonos a los asalariados. Es decir, a esas personas que tienen los sueldos más altos porque son imprescindibles y no sabríamos qué hacer sin ellos.
Hablamos de consejeros delegados de grandes empresas. De banqueros. De unos pocos abogados e ingenieros informáticos. De ejecutivos de la industria farmacéutica. De médicos de gran prestigio. De algún cirujano estético. Por encima de todos ellos, de actores y actrices de Hollywood y de deportistas. En la cúspide de los deportistas, la muy numerosa casta de los futbolistas.
Esa es la gente más necesaria y la que más se merece cada céntimo, según el mercado. Estamos dispuestos a pagar lo que sea para que tal centrocampista o tal estrella de cine pueda meter en el garaje ese cuarto Lamborghini que tanta falta le hace.
Lo dice el mercado. Nada que objetar.
Me llamo Enric González. Les deseo un feliz fin de semana.




