¿Es legal quedarse un objeto que has encontrado en la calle?
Nuestro fiscal Félix Martín analiza las consecuencias legales de apropiarse de algo sin dueño aparente
¿Es legal quedarse un objeto que has encontrado en la calle?
Hay una situación que nos ha pasado a todos. Vas por la playa, ves algo en la arena, lo coges y es un reloj. Miras alrededor y no hay nadie. Te remueves incómodo, vuelves a mirar y lo coges. No sabes qué hacer ni qué pensar.
Por un lado piensas que el reloj te gusta, por otro, que no puedes quedarte con él. En esa dicotomía; ¿Qué respuesta nos da el derecho?; ¿nos permite quedarnos con el reloj o por el contrario nos obliga a depositarlo en algún lugar? Félix Martín responde a estas cuestiones desde diferentes perspectivas del ámbito jurídico.
Un tema que parece sencillo pero es muy complejo
En algo tan simple como un reloj en la arena, confluyen tres cosas muy potentes.
· La dimensión jurídica: qué dice exactamente la ley sobre lo que estás obligado a hacer y qué consecuencias tiene no hacerlo.
· La ética: qué deberías hacer aunque nadie te obligue aunque nadie te vea
· La psicológica: por qué pensamos lo que pensamos, por qué dudamos, por qué a veces nos justificamos. Esa incomodidad no es casual es tu cabeza diciéndote que estás en un terreno gris. Es interesante porque nuestra decisión varía según haya alguien mirando o no, nos contamos historias para justificar lo que hacemos y en ocasiones aparece algo muy poderoso: la empatía.
Escenarios posibles
Normalmente cuando se entra en este tema se tiende a simplificar buscando reglas generales cuando lo primero que hay que señalar es que hay escenarios distintos.
Empezamos con lo más sencillo: encontrar un objeto perdido. Nos encontramos un reloj en la playa y estamos solos. ¿Qué harías? Si cambiamos el escenario, con el mismo reloj y en la misma playa pero a lo lejos una persona parece que está buscando algo en la arena ¿Qué harías ahora?. En este escenario es posible que cambie la respuesta. Aunque no haya cambiado el objeto; no ha cambiado el valor; ha cambiado una sola cosa: la presencia del dueño. Aquí entran otros factores: nivel ético, nivel psicológico o de empatía; o el temor a una sanción si me pillan; o incluso una mezcla de estas distintas cosas.
En el segundo escenario posible cambiamos el reloj por un teléfono móvil. Está desbloqueado y puedes ver fotos, contactos… sabes perfectamente de quién es ¿Qué harías?
Los estudios dicen que la mayoría de gente llama a algún contacto de ese número y dice que se ha encontrado el teléfono. Porque deja de ser un objeto y se convierte en una vida, esto incrementa psicológicamente el sentimiento de empatía en una doble vertiente, de un lado, esto nos podría pasar a nosotros, de otro, respeto a esa vida que ese teléfono te está mostrando.
Experimentos sociales
Existe un experimento académico publicado en Science, en el que se dejaron más de 17.000 carteras en 355 ciudades de 40 países y observaron qué hacía la gente. Lo más sorprendente fue que cuanto más dinero había dentro, más probable era que la cartera se devolviera. Uno pensaría: 'cuanto más dinero, mayor tentación'. Y sin embargo, pasó muchas veces lo contrario. Los autores explican que cuando aumenta el daño que le puedes causar al otro, también aumenta tu freno moral. La gente siente más claramente que quedarse esa cartera no es 'aprovechar una oportunidad', sino casi robar.
Es muy interesante configurar la empatía desde la perspectiva de una doble vía.
· La primera: pensar en el otro. 'A alguien le he hecho un destrozo'.
· La segunda: pensarte a ti mismo. 'Si yo perdiera esto, me hundiría'.
Cuando esas dos cosas coinciden, la probabilidad de actuar correctamente sube mucho.
Con los teléfonos esto se dispara más porque es casi una prolongación de la persona. Sobre esto se han hecho experimentos como el de Reader’s Digest: dejaron 960 móviles 'perdidos' en 32 ciudades del mundo y observaron qué hacía la gente. La conclusión fue que muchos intentaban contestar o devolver la llamada, o ponerse en contacto con alguien de la agenda del propietario. Pero lo más interesante fue que la gente se comportaba así con independencia del país. Es decir, el factor humano pesa más que el factor cultural.
Pero también existe un lado humano en estas situaciones. En otro experimento muy conocido, el proyecto Smartphone Honey Stick de Symantec, se 'perdieron' 50 smartphones en cinco ciudades. La mitad de quienes los encontraron intentaron devolverlos, pero al mismo tiempo el 96% de los dispositivos fue curioseado de alguna manera. Es decir, conviven dos impulsos muy humanos: ayudar y fisgonear.
¿Cómo traduce el Derecho estas situaciones?
Hemos analizado cómo pensamos, cómo sentimos, cómo dudamos… pero el Derecho no se mueve en ese terreno. El Derecho fija una regla que vale igual para todos. No pregunta por qué lo hiciste, primero te dice qué tenías que hacer y luego ya veremos por qué no lo hiciste.
Si volvemos al ejemplo inicial, el reloj en la arena, el Derecho civil es claro: ese reloj no es tuyo aunque lo hayas encontrado y no haya nadie. Lo que has encontrado para el derecho sigue teniendo dueño. A partir de ahí la ley te coloca en una posición muy concreta: no eres propietario, eres alguien que tiene en sus manos algo que no es suyo.
Esto implica una obligación muy sencilla. intentar devolverlo. Y si no puedes, ponerlo a disposición de la autoridad. Esto es una obligación. La ley introduce también un matiz que es muy humano: Si aparece el dueño reconoce que tú has hecho lo correcto y establece una posible recompensa. Pero esto no es un incentivo para portarse bien, es un reconocimiento.