Más de 200 personas sin hogar malviven en la antigua cárcel de Palma bajo amenaza de desalojo
La crisis de vivienda en Mallorca obliga a centenares de personas a vivir en condiciones infrahumanas en diferentes equipamientos abandonados de la capital. El Ayuntamiento ha emitido una orden de expulsión del anterior centro penitenciario, por motivos de seguridad

Malvivir en la antigua cárcel de Palma bajo amenaza de desalojo
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Palma
Cualquiera diría que el principal reto en una prisión es evitar que los reclusos salgan. En la antigua cárcel de Palma (Mallorca), sin embargo, la policía trabaja para que ya no entre nadie más. En este centro penitenciario abandonado, a las afueras de la capital mallorquina, malviven más de 200 personas sin hogar entre toneladas de escombros y basura; sin agua ni luz en las galerías y celdas. Por motivos de seguridad, el Ayuntamiento ha emitido una orden de expulsión, aunque los residentes defienden que las condiciones infrahumanas en las que viven son, en cualquier caso, mejor que la calle.


A principios de año el consistorio elaboró un censo para identificar a todos los residentes. Hoy, desde una carpa de la Policía Local y de Protección Civil situada en los accesos del recinto se vigila que solo entren y salgan las personas sin hogar que aparecen en ese listado. "Tenemos tres informes de bomberos, Disciplina Urbanística y Policía Local de Palma que exigen el desalojo inmediato por alerta de fuego constante, peligro de colapso del edificio y porque hay entre 700 y 800 toneladas de basura. La situación es dramática", explica el teniente de alcalde y regidor de Coordinación Municipal, Javier Bonet.
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La pregunta que surge entonces es sencilla: si se las expulsa de la antigua cárcel, ¿a dónde irán a vivir las 220 personas que allí residen? Bonet asegura que desde que iniciaron el proceso de desalojo han estado buscando soluciones habitacionales "literalmente debajo de las piedras". Cuenta que han hablado con Delegación de Gobierno, con el Obispado, con el Ejército e incluso con ciudadanos particulares y entidades sociales para poner a disposición de los residentes diversas alternativas de vivienda. El problema, según el regidor, es que "nadie ha querido aceptar ningún tipo de ayuda". El principal obstáculo, arguye Bonet, es que no están dispuestos a cumplir "normas exigentes" como no acceder borrachos, no consumir drogas o estar en búsqueda activa de empleo.
Tras estas afirmaciones, más de una docena de personas han sido entrevistadas durante la elaboración de este reportaje. A todas se les planteó la misma pregunta: "¿El Ayuntamiento ha ofrecido alguna alternativa de vivienda para abandonar la cárcel?". Todas dieron la misma respuesta: "No". Consultados por las "estrictas condiciones" que deberían cumplir (no beber, no drogarse, buscar trabajo...), los residentes de la antigua cárcel responden con asombro. "Mi mujer tiene 73 años, yo creo que no se va a drogar con la edad que tiene ya...", responde con ironía uno de los residentes, que tiene 60 años y vive en la antigua prisión desde hace seis meses.

Valentina Rojo Squadroni
Uruguaya de nacimiento, catalana de adopción y madrileña de acogida. Es redactora de 'A vivir que son...




