Elvira Mínguez: "La violencia hacia las mujeres ha existido siempre y da la sensación de que seguirá existiendo"
La autora publica un thriller psicológico que explora el abandono, la violencia y la construcción del miedo a través de tres mujeres que investigan su propio pasado
La Ventana de los Libros | Entrevista a Elvira Mínguez
Madrid
La actriz y escritora Elvira Mínguez firma La educación del monstruo, un thriller publicado por la editorial Espasa que se adentra en los rincones más oscuros del comportamiento humano y en los miedos que se construyen desde la infancia. La novela, que combina investigación criminal y reflexión social, se articula en tres épocas distintas y sigue el recorrido de varios personajes femeninos que intentan comprender su pasado y enfrentarse a sus propios temores.
La autora explica en La Ventana que la historia parte de una experiencia emocional profunda vinculada al abandono y a la forma en que determinadas vivencias marcan la construcción de la identidad. Según señala, en el caso del protagonista, Javier, el abandono materno actúa como detonante de una serie de conflictos psicológicos y simbólicos que evolucionan con el tiempo.
Mínguez describe cómo ese vacío inicial se transforma en una búsqueda de referentes que derivan en interpretaciones distorsionadas de la realidad. "Creo que todo con amor se puede reorganizar, pero hay una circunstancia que es el abandono", explica la autora, que detalla cómo el protagonista asocia figuras religiosas con referencias maternas y cómo esos símbolos evolucionan hacia terrenos más erotizados.
Una reflexión sobre el miedo y la violencia
Más allá del suspense narrativo, la novela introduce una reflexión sobre la violencia y el miedo, especialmente en relación con las mujeres y la infancia. La autora reconoce que uno de los motores del libro ha sido analizar realidades sociales que siguen presentes y que le generan una inquietud.
En este sentido, subraya que la violencia contra las mujeres es un fenómeno persistente que continúa generando preocupación social. "La violencia hacia las mujeres ha existido y da la sensación de que va a seguir existiendo; las cifras son las que hay", afirma.
Además, la autora insiste en la necesidad de representar personajes femeninos complejos y alejados de estereotipos simplificados. Critica que, con frecuencia, las mujeres se presentan desde perspectivas incompletas o condicionadas por miradas externas. "Tengo la sensación de que vemos a las mujeres como nos dicen que tienen que ser o como nos quieren ver", señala, defendiendo la necesidad de abordar también las partes incómodas o difíciles para comprender mejor determinadas conductas.
Tres mujeres que investigan el pasado
La estructura de La educación del monstruo se articula en torno a tres personajes femeninos centrales que comparten una misma inquietud, entender aquello que las rodea y cuestionar el sistema desde distintas perspectivas. La historia se inicia con Matilde, uno de los personajes principales, cuyo recuerdo involuntario desencadena una investigación que conecta diferentes momentos temporales.
Según detalla, ese recorrido permite descubrir cómo determinados hechos ocultos resurgen con el paso del tiempo y afectan a quienes intentan reconstruirlos. La autora también reconoce la influencia de relatos tradicionales vinculados al miedo infantil, como las historias del "hombre del saco", que históricamente se utilizaban para controlar el comportamiento de los niños a través del miedo. Estas referencias, señala, conectan con la sociedad actual que sigue moviéndose y se sigue manipulando partiendo del miedo.
El monstruo interior como metáfora
Uno de los ejes centrales de la novela es la idea de que cada persona convive con sus propios conflictos internos, simbolizados en la figura del "monstruo". Para Mínguez, reconocer esa parte oscura es fundamental para comprenderse a uno mismo y evitar que esos temores condicionen la vida.
"Creo que Matilde se da cuenta de que todos tenemos monstruos dentro y cada uno tiene el suyo", afirma, que añade que el verdadero aprendizaje consiste en identificar esos miedos y saber gestionarlos. En el caso del personaje de Matilde, ese "monstruo" adopta la forma de la sobreprotección, un rasgo que condiciona su forma de actuar y relacionarse con su entorno.
La novela, según explica la autora, también introduce elementos vinculados a la religión, una presencia cultural que, incluso desde una posición atea, sigue influyendo en la forma en que se interpretan determinados comportamientos y valores de cada uno.