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Los olvidados, la película de Luis Buñuel que triunfó en Cannes y que no gustó en México

Hace 75 años Luis Buñuel ganó el premio al mejor director en el Festival de Cannes con una de las mejores películas de su filmografía.

Escena de Los olvidados, de Luis Buñuel

El premio en Cannes para Los Olvidados significaba el regreso triunfal de Luis Buñuel, el cineasta que tanto había impactado en los años veinte y treinta y que parecía que había desaparecido durante dos décadas. Y no solo eso, como decía el fallecido Carlos Saura, amigo de Buñuel, el premio a Los olvidados marcaba también el comienzo de una nueva etapa muy productiva y trascendental en el cine del director aragonés. “Inicia un nuevo ciclo en su vida. A partir de allí empiezan otra vez a reconocer el nombre de Buñuel y empieza a popularizarse, porque realmente no había levantado cabeza en México. Lo había pasado muy mal”, explicaba Saura.

Sin embargo, Los olvidados no había sido bien recibida en México. “En México, sentó muy mal. Nadie quería mostrar la miseria, la pobreza, la delincuencia. Esos eran elementos que no entraban en el cine. Afortunadamente, Buñuel ya se había nacionalizado mexicano y no le pudieron expulsar del país, porque en México si criticas el país siendo extranjero, te echan”, recuerda Javier Espada, director del documental Memoria de Los Olvidados.

Los olvidados cuenta la vida miserable de un grupo de chavales que vivían en las calles de un barrio marginal de Ciudad de México. Pequeños delincuentes, analfabetos sin ningún futuro… Niños y adolescentes que han huido de sus casas por falta de afecto o han sido abandonados por sus propios padres. Aunque se trata de una película coral, dos personajes sirven de hilo conductor. Uno es Pedro, al que su madre rechaza. El otro es El Jaibo. Acaba de escaparse del reformatorio y busca al chico que tuvo la culpa de que le enviaran allí. A partir de ese momento, los destinos de Pedro y El Jaibo quedan unidos trágicamente.

Luis Buñuel había llegado a México a mediados de los años cuarenta tras ser despedido de su trabajo en el MoMA, el Museo de Arte Moderno de Nueva York, debido a los comentarios de Salvador Dalí en un libro donde le tachaba de ateo y comunista. Sus dos primeras películas en México, que tenían guion ajeno, habían resultado un fracaso. Por eso con su tercer film quiso hacer algo diferente. Se propuso retratar la vida en los suburbios con toda su miseria y violencia hacia los niños. El tema de la pobreza y de la delincuencia infantil era algo que el cine mexicano no estaba acostumbrado a mostrar. “Creo que Buñuel, con su mirada extranjera, como español, vio lo que a veces uno, cuando está tan cerca de las cosas, no ve. Y él vio eso en las calles”, explica el director de Amores perros, el mexicano Alejandro González Iñárritu.

Buñuel estuvo varios meses documentándose. Recorrió los suburbios hablando con la gente y escuchando sus historias. También visitó reformatorios, instituciones psiquiátricas, la cárcel o el Tribunal de menores. Después escribió el guion junto al futuro director Luis Alcoriza. En el casting mezcló actores profesionales con chicos de la calle. Buñuel aseguraba que todos los personajes de la película estaban tomados de la vida real y que ninguna de las situaciones que mostraba era inventada. Desde el mismo prólogo, el director quiso dejar claro también que Los olvidados no era un alegato contra Ciudad de México, sino que se trataba de un tema universal.

Los olvidados tenía además dos grandes influencias: los cuadros de Francisco de Goya, en especial las pinturas negras y su propia película Las Hurdes. Tierra sin pan. La película no conoce ni buenos ni malos. Ningún personaje es enteramente positivo o negativo. Sentimos compasión por los chicos que sufren malos tratos o son explotados trabajando, pero también los vemos atacando a un mutilado sin piernas o a un ciego. Junto a este descarnado clima realista, hay también un plano subliminal que va creando una sensación fatalista y angustiosa: la cercanía de la muerte, la ausencia del padre, el complejo de Edipo. También encontramos elementos simbólicos típicos de Buñuel, como la repetida presencia de las gallinas. El desaparecido José Luis Borau , director y académico de la Lengua y presidente de la Academia del cine español decía al respecto: “No es una película realista, a secas. Es una película que trasciende el realismo, como una pintura moderna actual. Muchos pintores utilizan el realismo precisamente para trasvasarlo, para incidir en él, para destriparlo de alguna manera”.

No faltan tampoco elementos surrealistas, como ese sueño que tiene Pedro en el que su madre le ofrece unas vísceras. “Esos momentos del sueño de Pedro, representa lo que está sucediendo dentro del personaje y te sirve para entender todo lo que va a suceder mucho más que lo que te puede decir un guion racional”, apunta González Iñárritu.

Ya durante el rodaje, Buñuel comprobó que la película no le hacía mucha gracia a algunos técnicos mexicanos. Pero la tormenta estalló con el estreno. Buñuel fue acusado de ingrato por mostrar un retrato tan cruel del país que le había acogido en el exilio, precisamente en unos años en los que se promovía la modernización de México y su buena imagen internacional. Dolía especialmente la visión que se daba de las madres mexicanas. Según cuenta Fernando Méndez-Leite, presidente de la Academia del Cine español cuenta en el documental Memoria de Los olvidados que la gran estrella mexicana, Jorge Negrete, se encaró directamente con el director aragonés. “Jorge Negrete era por entonces el presidente de la Asociación de Actores de México. Se encontró con Buñuel en los Estudios Churubusco. Se acercó a él de una manera muy agresiva y le dijo: ¿Usted ha filmado Los olvidados? Pues sepa que, si yo hubiera estado en México en ese momento, esa película nunca se hubiera hecho y nunca se hubiera visto”.

La película fue retirada de los cines tras una semana en cartel. Sin embargo, todo cambió cuando unos meses después llegó el premio al mejor director en Cannes. La película fue reestrenada. Las críticas la reevaluaron positivamente y en la ceremonia de los Ariel, los premios del Cine mexicano, Los olvidados obtuvo once galardones, incluidos los de Mejor película y Mejor director.

Hoy en día figura en los primeros puestos de la lista de las mejores películas de la historia del cine mexicano y en 2003 fue nombrada Memoria del Mundo por la UNESCO, una consideración que solo han recibido tres largometrajes Metrópolis, El Mago de Oz y Los olvidados. “Los olvidados. es un mito de la cultura mundial; de la cultura cinematográfica y de la cultura mexicana. Yo creo que es una película que es parte de los intestinos de la psicología de la identidad, un retrato fiel de la pobreza, de la violencia, de la miseria y de sus consecuencias”, explica González Iñárritu.

El éxito de los olvidados devolvió a Luis Buñuel su prestigio y le permitió, a partir de entonces, seguir moviéndose en el cine comercial sin renunciar a su universo particular. En cuanto a España, tras el premio en Cannes, también se intentó estrenarla aquí, pero la censura lo impidió. “Los censores aguantaron cinco rollos y luego se levantaron furiosos y dijeron que esa película era dañina espiritualmente para cualquier tipo de público y que por lo tanto, la película quedaba prohibida radicalmente en todo el territorio español”, cuenta Fernando Méndez-Leite en el mencionado documental. No sería hasta 1964 cuando finalmente Los olvidados se pudo ver en las pantallas españolas.