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Cédric Jimenez advierte en 'Zona 3' de cómo la IA puede perpetuar las diferencias de clase

El director francés se pasa al thriller de ciencia ficción en una historia sobre un París que ha dividido a sus ciudadanos en clases sociales

Fotograma de Zona 3 / CEDIDA

París

En los últimos meses han llegado a las pantallas varias películas que analizan los perjuicios y las consecuencias de que la sociedad se abra a su uso sin legislación. La IA fue, de hecho, uno de los motivos de la última huelga en Hollywood. “No tengo miedo, la IA, es una herramienta y, como todas las herramientas, hay que saber utilizarla. Es una herramienta muy poderosa, por lo que cuanto más poderosa sea, más peligrosa es, pero cuanto más potencialmente buena sea, creo que la IA salvará vidas en el campo de la medicina”, dice Cédric Jiménez, director francés que se atreve a aventurar cómo serían las ciudades si fuera la inteligencia artificial quién la gobierna. Es lo que cuenta Zona 3, su última película.

“Lo primero es que me encantó la novela”, confiesa el director francés sobre la decisión de embarcarse en este proyecto adaptando una conocida novela del escritor Laurent Gaudé. Lo segundo, es que se había cansado de hacer thrillers basados en hechos reales, en referencia a sus anteriores películas, éxitos de taquilla en el cine francés, como Novembre, Bac Nord o El hombre del corazón de hierro. “Tenía ganas de hacer ficción pura y el futurismo es eso, ficción por excelencia, porque estamos hablando de algo que todavía no existe”. Es así cómo se adentró en un thriller de ciencia ficción, sacando su lado más cinéfilo. “Cuando era adolescente, era un género que me gustaba mucho. Leí mucho sobre distopías y en las distopías, que es lo opuesto a la utopía, también existe la idea de tener una visión un poco crítica de nuestra sociedad y, al mismo tiempo, ser bastante lúdico”.

Así podemos decidir Zona 3, un filme con un gran presupuesto, un enorme y potente reparto y muchas ideas políticas que hablan de la convivencia en las sociedades capitalistas. “Quería devolver la película y la historia a una sociedad contemporánea y con una ambición de llegar a todos los públicos”. Para ello nos lleva a una desolada y futurista ciudad de París, en el año 2045. La población de la capital gala está controlada por una inteligencia artificial llamada Alma, y dividida en tres zonas. Cada zona agrupa a una clase social distinta.

“Adaptar un libro significa renunciar a muchas cosas que se escriben porque la literatura permite la digresión, el cine no la permite”, por eso, se centró en aquellos personajes más conmovedores, el de una mujer policía de la zona 2 y un policía de la zona 3. Ninguno vive en la élite, pero entre ellos pesan las diferencias sociales, hasta que surge un sentimiento de cooperación y cariño entre ambos. “Me conmovió mucho esta historia de reconciliación entre estos dos personajes que no tenían nada en común y que evolucionaron en un mundo muy compartimentado donde la comunicación es todo un reto”. Son los personajes de Guilles Lelouche y Adèle Exarchopoulos, los héroes de esta versión francesa de Blade Runner. Los dos se enfrentan a una investigación para entender quién ha asesinado, de pronto, al creador de esa IA que controla y divide la ciudad de París.

“En realidad, el libro estaba ambientado en Grecia, pero me sentía más cómodo en París, además, hoy en día, en las grandes ciudades estas áreas tan divididas socialmente ya existen, lamentablemente. Hay barreras invisibles, pero existentes y las personas se mezclan cada vez menos, dialogan menos, y quería, a través de estos dos personajes, decirme que el diálogo es la solución más simple y natural para la reconciliación de las poblaciones”, reflexiona el cineasta que asegura que las clases medias están desapareciendo. “Las clases medias seguían siendo una especie de oportunidad para el diálogo entre las poblaciones. Es cierto que las grandes ciudades se están volviendo más duras en este sentido. Es muy difícil encontrar vivienda en París, todo se ha vuelto muy caro. Eso fomenta la diferencia social”.

Sin embargo, hay algo optimista tanto en el discurso del director, como en el filme que ha realizado y que llega a los cines españoles este viernes. Es la capacidad de cooperar de los seres humanos, quizá lo más distinto y alejado de esta IA que nos gobierna. “Solo las personas pueden rechazar su propio destino social o aceptarlo, pero en ambos casos, creo que se requiere una conciencia colectiva. No me considero pesimista. Me gusta lidiar con el pesimismo, porque crea alivio y reflexión, pero tiendo a creer en las personas. Me da la razón la propia historia de la humanidad, que siempre ha demostrado que los humanos conocían sus límites y los límites de sus condiciones”. Se refiere a las revoluciones, muchas de ellas protagonizadas por los franceses. “Los franceses son muy revolucionarios o, al menos, disidentes”.

Un positivismo que contrasta con la mirada más plomiza que suelen mostrar las películas americanas, los blockbusters de ciencia ficción. “Quizás en Europa, en Francia, tenemos una historia muy antigua y esa historia ha demostrado que las poblaciones fueron capaces de responder, de decir que no, de avanzar para mejor, aunque lleve tiempo, incluso si a veces tiene que pasar por fuertes rupturas”, insiste sobre el poder de las revoluciones populares, una mecha que prenden los protagonistas de Zona 3, una película que tiene muchas referencias al cine de ciencia ficción, por ejemplo, a Hijos de los hombres, película de Alfonso Cuarón. “Siempre he pensado que era una película sobre el futuro y, en realidad, cuando la ves, se reconoce la sociedad de nuestro momento. Eso es importante para que el mensaje se vea de una manera realista”.

Pepa Blanes

Es jefa de Cultura de la Cadena SER. Licenciada...