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La técnica brutal del abuelo de García Márquez para enseñarle a contar historias sin adjetivos

La pedagogía del coronel iba mucho más allá de la palabra

El método del abuelo de García Márquez para enseñarle a contar historias sin adjetivos

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Madrid

Antes de ser uno de los grandes escritores del siglo XX, Gabriel García Márquez fue un niño criado en Aracataca bajo la tutela de sus abuelos. Allí, en aquella casa caribeña, se fraguó una forma de mirar y contar el mundo que acabaría dando forma a Macondo, el pueblo ficticio creado por Gabriel García Márquez y escenario de Cien años de soledad, donde lo cotidiano y lo sobrenatural conviven como parte de la vida diaria, tal y como se recordó en el programa Historia en ruta de la Cadena SER.

Gabo, como llamaban familiarmente al escritor Gabriel García Márquez, creció escuchando las historias de su abuelo, el coronel Nicolás Márquez, un veterano de varias guerras civiles colombianas. Era un hombre serio, marcado por la disciplina militar y el peso de la derrota, que enseñó a su nieto que el mundo estaba lleno de peligros, injusticias y héroes.

Pero la pedagogía del coronel iba más allá de la palabra. Siempre encontraba tiempo para llevar al niño a conocer todo lo que llegaba al pueblo: el circo, los mercadillos, los gitanos y, sobre todo, el cine. No creía en la censura. Para él, era "una palabra rara que usaban los curas".

Cada estreno se vivía como una misión militar. Sentaba al pequeño Gabo, de apenas cinco años, en la butaca "como si lo sentara en una trinchera". Y lo que venía no eran películas infantiles, sino melodramas, westerns y vampiros. Drácula incluido. Nada de suavizar el miedo.

El ritual no acababa al salir del cine. Al día siguiente, el coronel obligaba a su nieto a contarle la película entera, escena por escena. Era un examen sin indulgencia. Si Gabo fallaba, la mirada del abuelo era clara: había perdido la batalla. Así se entrenaba la memoria narrativa y la precisión del relato.

En ese ejercicio llegó la lección definitiva: "No uses adjetivos, Gabo, que matan al sustantivo" Un consejo que marcó para siempre su estilo: directo, austero y cargado de imágenes poderosas.

Antes de ser escritor, García Márquez fue espectador. Formó parte de la primera generación que vio cine antes de leer literatura y que aprendió a soñar en pantallas antes que en libros.

Años después, cuando publicó Cien años de soledad, muchos hablaron de su imaginación desbordante. Pero quizá lo raro habría sido crecer en aquella casa y no acabar inventando una manera nueva de contar la realidad.

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García Márquez

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