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Sociedad

La vida después de un asesinato por violencia de género: "¿Cuántas vidas destrozó esa persona? Hay mucho todavía por arreglar para continuar de forma sana y natural"

Contamos la historia de Carmen y Jorge. Su hija se convirtió en la víctima 1.238 por violencia de género. Ahora, se encargan de criar a sus nietos. Aroa, una de sus mejores amigas, reconoce que todavía sueña con ella y que le vienen imágenes suyas en el tanatorio y en la UCI

La vida después de un asesinato por violencia de género: "Es difícil no sentirte culpable"

Madrid

Quedamos con Carmen y Jorge en su casa, en el mismo día en el que ha habido un asesinato por violencia de género. "Otros que pensarían que a ellos no les iba a tocar. Nunca piensas que te va a tocar a ti, ni a nadie de tu alrededor", lamenta Carmen.

Su vida cambió el 25 de noviembre de 2023, cuando ella y su marido Jorge habían quedado con un grupo de amigos en Pozuelo, Madrid. Sonó el móvil de Carmen y al otro lado de la línea estaba la Policía: "¿Tiene usted la llave de la casa de su hija? ¿Dónde se encuentran ahora? Vengan lo antes posible". Son las frases que ella recuerda de esa primera conversación.

Cuando llegaron al domicilio de su hija Leticia, un agente se acercó a ellos. Pronunció otra frase que Carmen no olvida: "Tranquila, está estabilizada y su yerno ha sido detenido". No pudieron entrar en la casa porque otro agente les aclaró que "había habido un intento de estrangulamiento".

Carmen y Jorge tuvieron que asimilar aquella información sabiendo que sus dos nietos de 2 y 3 años también estaban allí. Horas antes se habían despedido de ellos, después de haber pasado juntos el día en Faunia. Leticia ya había presentado la demanda de divorcio y la relación estaba completamente rota con su marido.

"Apenas se hablaban", recuerda su madre. Por eso, Leticia quiso que sus padres se sumaran al plan, que se convirtió en los últimos momentos de convivencia familiar. Cuando Álvaro, el hijo menor, se dio un golpe con el borde de un tobogán, empezaron los reproches por parte del marido de Leticia. "Luego te llamo, mamá", le dijo Leticia a su madre. Hoy recuerda lo que comentó entonces a su marido Jorge: "Uf, estos van a tener una buena". Leticia nunca llamó.

"Mamá se ha puesto malita"

Los padres de Leticia relatan que una de las agentes que llegó a la casa de Leticia era psicóloga y se encargó de "meter a los niños en el cuarto, ponerles en el móvil canciones de niños para que no oyeran los ruidos de cómo se intentaba reanimar a Leticia".

Explicaron a sus nietos que tendrían que dormir con ellos porque "mamá se había puesto malita"; pero no era fácil porque la pequeña Carmen "estaba obsesionada con que a su mamá se la había llevado la Policía".

Leticia murió horas después en el Hospital Gregorio Marañón, donde ejercía como enfermera. Un día, Carmen habló en pasado de su hija y su nieta Carmen empezó a preguntar qué dónde estaba su madre. Tuvo que decirle que "no la habían podido curar", pero que mirara al cielo, porque estaba en una estrella.

"¿Cuántas vidas destrozó esta persona?"

"¿Cuántas vidas destrozó esta persona? Es indescriptible. Hay muchas cosas todavía por arreglar para poder continuar tu vida de forma sana y natural. Esa madre, ese padre, esos niños, esos hermanos, esa abuela". Es la reflexión que hace Aroa, una de las mejores amigas de Leticia. A las seis de la mañana ya se acuerda de ella, porque Leticia se aseguraba de que no se hubiese quedado dormida y llegase a tiempo al Hospital Gregorio Marañón. Trabajan en el mismo hospital y eso agrandó el dolor de Aroa.

"Lo único que necesitaba era salir de ese edificio. El hospital me ahogaba, lo relacionaba 100% a mi amiga, a la que ya no estaba", explica Aroa. Reconoce que todavía sueña con ella, que le vienen imágenes de ella en el tanatorio, en la UCI. Es una ausencia muy presente.

Aroa tiene enmarcado el selfie que se hizo con su amiga, cuatro días antes de que muriera en el hospital. Reconoce que hay días, en los que tiene que guardar esa foto por el dolor que siente. "Es difícil no sentirte culpable. ¿Lo podría haber frenado? ¿Fui yo la que falló?"

Vivir más

Jorge habla menos durante la conversación; escucha y asiente mientras habla su mujer. Cuando termine la conversación, volverá al garaje donde está construyendo un coche con sus propias manos. Es un reto y un refugio para mantener la cabeza ocupada.

La conversación se va a interrumpir varias veces. La abuela de Leticia tiene que ir al médico y hay que organizar la logística para acompañarla. Es la normalidad abriéndose camino, pero Carmen y Jorge saben que su vida no se parece a la de un matrimonio jubilado. No se puede intentar pasar página cuando eres un daño colateral, cuando vives rodeado de gente que necesita a tu hija.

Por eso, ahora piensan en cuántos años vivirán, porque quieren poder acompañar a sus nietos y ver "hacia dónde encaminan su vida".

Marisol Rojas

Trabaja en la Cadena Ser desde 2007. Empezó madrugando...