Fatih Akin: "Alemania apoya a Israel por culpa y vergüenza"
El cineasta alemán desgrana en 'La isla de Amrum' la división de su país y el trauma del Holocausto que perdura en la sociedad alemana todavía hoy
Fatih Akın en el pasado Festival de Cannes (Photo by Pascal Le Segretain/Getty Images) / Pascal Le Segretain
Barcelona
El director alemán, Fatih Akin, nacido en Hamburgo hace 52 años, de familia turca, tiene claro que el cine es el arma cargada de futuro, parafraseando Celaya, sobre todo para curar los grandes traumas que su país, Alemania, sigue escondiendo bajo el sofá. “Todo trauma se supera con terapia y creo que el cine es una especie de terapia”, nos decía hace apenas una semana en el BCN Film Fest. Allí presentaba La isla de Amrum, su nueva película en la que la exploración de la identidad, una constante en su cine, se ha centrado en volver a la Segunda Guerra Mundial. “Este trauma aún existe. Esta película en Alemania ha sido un gran éxito, mucho más de lo que se esperaba y es porque hay una necesidad, un deseo de ver este tipo de historias. Por supuesto, el auge de la extrema derecha está ahí, porque es gente que no quiere ir a terapia. Para ellos, la enfermedad es su modo de vida”, añade.
La idea de hacer una película sobre la guerra, fue una cuestión personal, que más que tocarle a él, cuya familia no la vivió, le apelaba a su maestro y profesor, Hark Bohm. Amigo y colaborador del director. “Se supone que esta iba a ser su última película y yo quería producirla. En ella iba a hablar de su infancia, de sus padres, que eran nazis”, nos cuenta el director comparando ese ejercicio con el de otras películas de directores que han utilizado su infancia como motor de sus películas. Citaba a Alfonso Cuarón en Roma, a Kenneth Branagh en Belfast y a Spielberg en Los Fabelman. “Yo le dije que debería hacerla él, pero me dijo que ya estaba viejo para ello y me pidió que fuera yo quien la dirigiera, así que me vi viajando a los años cuarenta, con los nazis”.
Una vez iniciado el proyecto, Akin delimitó el guion, desgranar la división de su país entre los ocho días que van del suicidio de Hitler a la capitulación en La isla de Amrum, que da título a la película. La idea era sobre todo alejarse de la trinchera. “Todas las películas sobre la Segunda Guerra Mundial son muy espectaculares, quizá porque la propia guerra es algo muy espectacular visualmente y en el cine eso se engrandece”. Pone como ejemplo, La Pianista, La lista de Schindler, Salvar al soldado Ryan. “Incluso una película como La Zona de interés es muy espectacular, porque habla de la casa al lado de Auschwitz”. Precisamente, con el filme de Jonathan Glazer comparte esta película el poner el foco en la intimidad de la guerra. Si Glazer nos hacía entrar en la vida cotidiana de un alto oficial del campo de concentración, Akin nos muestra la guerra a través de una familia, de un niño. “Siempre me he preguntado qué pasa con las familias o con la población que no va al frente durante la guerra? Siguen con su vida. Ese entorno es menos espectacular, pero también ellos lidiaron con la guerra. Seguro que hay historias en el cine sobre esa intimidad pero hay que ponerse a buscar, no te salen los títulos inmediatamente. Por eso me pareció interesante ir más allá de la guerra. Ver esa otra realidad que no son las noticias”.
Con los medios de comunicación se muestra bastante crítico el director. “No quiero que esto suene a conspiración, pero es cierto que en las noticias, al final, se trata de vender un producto, convertir la realidad en un producto. Y eso supone cortar, editar, cambiar, fabricar, al fin y al cabo, esa verdad. Por eso Paramount quiere la CNN”, puntualiza. Frente a esto, el cine, dice Fatih Akin, vende algo diferente. “Vendemos historias, vendemos conflictos internos, vendemos personajes. Yo vengo del cine, y creo que hay más realidad y más verdad, y menos manipulación”.
La película nos presenta a Nanning, un niño de doce años que vive en la isla de Aurum. Su madre, casada con un oficial nazi, vive asustada ante la perspectiva del fin de la guerra. Nanning, para contentarla, intentará cumplir su único deseo, comer pan blanco con mantequilla y miel, algo imposible por las restricciones a causa de la guerra. Una historia sobre la culpa y el horror. “Hay un momento clave en la película, cuando niño ve en sueños a su tío y se excusa diciendo que el Holocausto no es culpa suya. El tío le contesta que no es su culpa, pero que sí tenía una responsabilidad. Ese es el destino de Alemania. Por eso Alemania apoya a Israel. La culpa o la vergüenza por la conexión con el Holocausto les posiciona ahí y es una posición que viene de la Segunda Guerra Mundial, viene de la culpa y de nada más. No se trata de borrar el pasado, pero si de ocultar esos crímenes del pasado y eso está en la identidad alemana”.
Parte de ese trauma sobrevive todavía, con el auge de la extrema derecha como síntoma. Quizá, dice el director, Alemania no manejó tan bien su pasado. “De alguna manera, los vencedores, los estadounidenses, nos enseñaron esa parte de la historia a través de las películas de Hollywood. Fue una reinvención de aquello. En los cuarenta no se hablaba de lo ocurrido. En los cincuenta, Alemania estaba en ascenso económico y en una posición en la Guerra Fría contra el bloque soviético. Nadie hablaba de la guerra, de cómo afrontarla y de la culpa. Si decías algo de que habíamos matado a los judíos y que éramos culpables, te convertías en enemigo al instante. Eso cambió en el 68, gracias a la siguiente generación que empezó a preguntar a sus padres: "¿Qué hicisteis en la guerra?”. Ahí se inserta esta película, que viene a continuar con un legado cinematográfico que busca romper ese trauma. Fue una serie de televisión quien abrió la veda”. Se refiere a Holocausto, un fenómeno televisivo en los setenta. “Por eso, mientras la gente vea estas películas, mientras el público necesite esas películas, es que el trauma no está sanado”.
Pepa Blanes
Es jefa de Cultura de la Cadena SER. Licenciada...Es jefa de Cultura de la Cadena SER. Licenciada en Periodismo por la UCM y Máster en Análisis Sociocultural y de Género, dirige el programa de cine y series El Cine en la SER. Es autora de 'Abre los ojos, películas y series para entender el mundo'.