La IA, la crisis que viene y el BSC
Parece difícil, desde luego, pero por una vez hay que decir que ya hay un núcleo fundacional que demuestra que no es una misión imposible


Madrid
La alarma ha empezado a sonar. Algunos datos señalan que el empleo tecnológico puede estar contrayéndose en España después de un lustro en el que mostró un gran vigor. En este momento, con un mercado laboral al alza y con la economía creciendo a buen ritmo a pesar del impacto de la guerra en el Golfo Pérsico, la causa del posible retroceso en los empleos más cualificados -programación informática, telecomunicaciones, consultoría, I+D- no podría ser otra que los primeros efectos de la inteligencia artificial (IA).
En nuestro país todavía hay un margen de duda sobre esto, ya que los datos de la Seguridad Social no reflejan ese mismo sesgo negativo. Sin embargo, hay buenas razones para ser pesimistas o al menos precavidos. En Estados Unidos el año pasado ya se produjo una pérdida neta de entre 200.000 y 300.000 empleos tecnológicos debido a la eficacia que los nuevos modelos de IA muestran en la producción de software, lo que invita a las empresas a reemplazar empleados por máquinas.
Si se confirmaran los malos augurios, sería un doble problema para España. Por un lado, el nivel de desarrollo de nuestra industria tecnológica es limitado y muy dependiente de la inversión extranjera, por lo que su capacidad de adaptación no puede darse por asegurada. Pero, además, representaría un problema socioeconómico todavía más grave si se frena el acceso de las nuevas promociones de titulados superiores a empleos cualificados.
En los últimos años, nuestro país se había empezado a recuperar del brutal impacto que la crisis financiera de 2008 tuvo sobre toda una generación de jóvenes, muchos de los cuales fueron empujados a la emigración o a aceptar unas condiciones de precariedad laboral y salarial insoportables. Si se trunca esa recuperación, se cronificarán los problemas de frustración por la sobrecualificación laboral para los empleos disponibles, de aumento de la desigualdad social, de pérdida de poder adquisitivo de los salarios, de falta de emancipación familiar y de acceso a la vivienda. Es por todas esas razones que una posible crisis del empleo a causa de la irrupción de la inteligencia artificial no puede ser considerada como un ajuste coyuntural.
Algunos ven en la llegada masiva de centros de datos un contrapeso capaz de contener o incluso de revertir el balance final de la IA en el sector tecnológico español. Lo cierto es que no hay evidencias suficientes de que ni el número ni la calidad de los empleos creados sean suficientes para compensar los que se pierdan en el conjunto del ecosistema tecnológico. La opacidad de las grandes multinacionales que los promueven no ayuda a disipar la desconfianza, más allá de que, si se construyen todos los prometidos y en el calendario anunciado, lo que sí puede haber es un colapso del sector de la construcción por exceso de demanda y falta de mano de obra suficiente, por no hablar del impacto ambiental debido al ingente consumo de electricidad y agua.
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DescargarLos centros de datos no están pensados para ser nodos de transferencia de conocimiento que ayuden a crear nuevas empresas en su cadena de valor. Conseguirlo requeriría una estrategia sostenida en el tiempo a nivel nacional con la implicación de la industria, la excelencia universitaria y el apoyo público.
Parece difícil, desde luego, pero por una vez hay que decir que ya hay un núcleo fundacional que demuestra que no es una misión imposible: el Centro Nacional de Supercomputación de Barcelona (BSC) lleva más de tres décadas de una creciente actividad que le ha posicionado entre los centros de su clase más importantes de Europa. Su programa de transferencia tecnológica, tanto para la creación de nuevas empresas como para la colaboración con la gran industria, es un modelo de éxito al que merece la pena mirar en este momento de incertidumbre ante los efectos de la IA.

José Carlos Arnal Losilla
Periodista y escritor. Autor de “Ciudad abierta, ciudad digital” (Ed. Catarata, 2021). Ha trabajado...




