Domingo, 16 de Mayo de 2021

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Alegaciones de salud en los alimentos. ¿Es oro todo lo que brilla?

ECOLOGICOSLas actuales circunstancias en las que vivimos en relación a la disponibilidad y seguridad alimentaria no tienen comparación posible con lo acontecido siglos atrás. En nuestro tiempo una nueva industria, la alimentaria, ha florecido al abrigo del conocimiento científico y las nuevas tecnologías. Hoy contamos con muchos más alimentos, más seguros y, por supuesto mucho más “sanos”… o al menos así lo parece. En materia de seguridad es así, estoy totalmente seguro. Sin embargo en materia de salud, no lo tengo tan claro. Desde un tiempo a esta parte hemos sido testigos de como los alimentos, además de promocionarse en virtud de sus características organolépticas propias (más rico, sabroso, crujiente, suave, etc.), han pasado a hacer un especial hincapié en lo beneficioso que su consumo puede ser para nuestra salud, o a enumerar una serie de nutrientes clave. Así, durante muchos años y hasta 2006 esto parecía la casa de Tócame Roque, en la que cualquier fabricante podía hacer casi la declaración de contenido nutricional o de alegación de propiedades saludables que le diera la gana. Estas cuestiones cambiaron en aquel año con la publicación del Reglamento europeo 1924/2006 relativo a las declaraciones nutricionales y de propiedades saludables en los alimentos. En él se estableció un marco homogéneo que regulaba este tipo de declaraciones por parte de los fabricantes ya fuera en el envase, su publicidad o en su promoción. De este modo se reguló el significado de expresiones como light; alto contenido en…; rico en…; fuente de…; bajo en… etcétera, frecuentes tanto antes del Reglamento mencionado como en la actualidad. Pero ahora con unas mismas condiciones para todos. Tras este Reglamento europeo, en 2012 apareció otro más, el 432/2012, por el que se establece una lista de declaraciones autorizadas de propiedades saludables de los alimentos alergia-a-la-lechedistintas de las relativas a la reducción del riesgo de enfermedad y al desarrollo y la salud de los niños, cuyo título se explica por si solo. En él se recogen qué alegaciones se pueden hacer con respecto a la salud de los distintos alimentos en virtud de que contengan, al menos, una cantidad de nutrientes clave bien concreta. Por ejemplo, si se considera que un determinado derivado lácteo es fuente de vitamina B6 el fabricante podrá anunciar que su consumo contribuye al funcionamiento normal del sistema inmunitario… tenga o no tenga, como anteriormente, determinados lactobacilos. Unos microorganismos que en la actualidad no han podido demostrar que tengan un mayor efecto sobre la función inmunitaria. Pero la vitamina B6 sí y por tanto ese fabricante lo puede seguir diciendo. Es llamativo saber que antes del reglamento 432/2012 este tipo de preparados no se “enriquecían” en B6 y se hacía descansar sus ventajas en el lactobacilo de marras. Aunque todo esto está muy bien, saber qué nutrientes contiene un alimento y hasta que punto van a contribuir a la normal actividad de nuestras distintas funciones, con la actual legislación se facilita que las grandes empresas de la industria alimentaria hagan ciertas alegaciones extemporáneas (pero legales). Y en cierta medida perjudica a las pequeñas empresas y distribuidoras que, en no pocas ocasiones tendrían mucho mayor derecho a hacer esas mismas alegaciones, pero que no las pueden hacer por falta de recursos. En el ejemplo, un simple plátano tendría cerca de seis veces más derecho a decir que ayuda al normal funcionamiento de las h18616_adefensas ya que por unidad contiene cerca de 6 veces más vitamina B6 que el citado preparado lácteo. Y al consumidor medio también se le perjudica hasta cierto punto ya que, en virtud de la publicidad, puede fácilmente llegar a pensar que el éxito de una buena salud radica, solo, en el consumo de alimentos que hacen este tipo de alegaciones. Sin embargo, como profesional de la nutrición, a mí la realidad me dice todo lo contrario. Parte de ese ansiado éxito se encuentra en el consumo de una importante cantidad de alimentos de origen vegetal e integrales. Alimentos que se venden muchas veces sin envase: frutas, verduras, hortalizas, legumbres, arroces, etc. y en los que sin ser imposible, sería sorprendente descubrir una alegación positiva sobre la salud. A modo de resumen y en forma de consejo rápido: si buscas la salud a través de los alimentos, escoge los alimentos “mudos” que no digan nada de sí mismos, antes que los que aporten lustrosas alegaciones.  

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