Martes, 18 de Mayo de 2021

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Aditivos ¿ángeles o demonios?

Comer-tiempos-crisisDos palabras son, en mi opinión, las que definen mi estado de ánimo cuando de hablar de “aditivos” en general se trata. La primera de ellas es “tranquilidad”, o si se prefiere confianza, en relación a la seguridad que los actuales adelantos y procedimientos tecnológicos ha puesto la ciencia al servicio de los consumidores a la hora de afrontar el uso de un alimento que, de forma potencial, puede ser origen de intoxicaciones alimentarias. Y es que, a mi modo de entender, la libre circulación de alimentos seguros y saludables es un aspecto esencial que contribuye de forma significativa a la salud y al bienestar de los ciudadanos. Y esa seguridad depende, muchas veces, de la inclusión de determinados aditivos. La otra palabra, he de reconocerlo, no genera tan buen rollo, ya que se trata de “disfraz”. Sí, ya que en ocasiones dependiendo de la utilidad que se les dé, algunos aditivos pueden usarse para aportar unas características organolépticas que el producto en sí no tendría sin ese aditivo. Me refiero en especial a colorantes y potenciadores de sabor. Pero antes de seguir se hace preciso definir qué es un aditivo y el marco legislativo que regula su uso. ¿Qué es un aditivo de uso alimentario y qué objetivos ha de cumplir? Por “aditivo” se entiende cualquier sustancia que, siempre recogida en la norma al efecto, no se consume como un alimento en sí, si no que se añade a estos de forma intencionada con algún fin tecnológico. En la actualidad las normas que los regula a todos es el REGLAMENTO (CE) 1333/2008 sobre aditivos alimentarios y el REGLAMENTO (UE) 1130/2011 que lo modifica. Así, las posibles finalidades de los aditivos son: zumos-naturalesa) preservar la calidad nutricional del alimento; b) suministrar los ingredientes o constituyentes necesarios para alimentos destinados a grupos de consumidores con necesidades dietéticas especiales; c) mejorar la estabilidad o la calidad de conservación de un alimento o mejorar sus propiedades organolépticas, a condición de que no se altere la naturaleza, sustancia o calidad del alimento de tal manera que se induzca a error al consumidor; d) ayudar en la fabricación, la transformación, la preparación, el tratamiento, el envasado, el transporte o el almacenamiento del alimento, […] a condición de que el aditivo alimentario no se utilice para disimular los efectos del uso de materias primas defectuosas o de cualesquiera prácticas o técnicas indeseables […] ¿Son seguros? Usados en el marco que regula su utilización los aditivos alimentarios son, en general, seguros. Ahora bien, hay excepciones. En los casos concretos de personas sensibles, determinados aditivos pueden desencadenar una respuesta alérgica. Pero al igual que, por ejemplo, algunos frutos secos también pueden desencadenar este tipo de respuestas en personas predispuestas y no están prohibidos, el caso de los aditivos puede observarse con las mismas precauciones. En este sentido, aquellos alimentos que contengan aditivos con un posible efecto negativo sobre determinadas poblaciones sensibles han de hacer constar su presencia de forma explícita; uno de los ejemplos más habituales es la presencia de sulfitos que pueden desencadenar las mencionadas alergias. chucheriasLa seguridad de los distintos aditivos viene establecida mediante la Ingesta Diaria Admisible (IDA) un concepto para la evaluación toxicológica internacionalmente aceptado por la práctica totalidad de los organismos reguladores. Más en concreto, el concepto IDA fue establecido en 1961 por el Comité Mixto FAO/OMS de Expertos en Aditivos Alimentarios (JECFA) con el fin de regular la seguridad de todos los aditivos alimentarios. El uso y la correspondiente IDA de los distintos aditivos son revisados periódicamente, en especial las de aquellos cuyo uso puede ser más controvertido. De esta forma, las autoridades sanitarias actualizan su uso de tiempo en tiempo a la luz de la más reciente evidencia científica. ¿Qué tipos de aditivos alimentarios existen? Los más de 400 aditivos alimentarios regulados, y por tanto con su “código E” correspondiente, se agrupan en 26 clases funcionales: colorantes, edulcorantes, conservadores, antioxidantes, soportes, acidulantes, correctores de la acidez, emulgentes…etcétera (puedes consultarlas en el anexo I de la correspondiente legislación). En lo que se refiere a su código E, estos suelen estar agrupados por “familias”, de forma que los “E-ciento lo que sea” son colorantes; los “E-trescientos lo que sea” son antioxidantes; los “E-novecientos lo que sea” son edulcorantes… Para conocer su funcionalidad y código correspondiente la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) tiene una interesante página web en la que consultar este tipo de detalles. Los aditivos “naturales” y “la trampa” de algunos fabricantes Como se ha mencionado, todos los aditivos autorizados constan de su correspondiente “código E”. Al mismo tiempo, es preciso saber que cada código se corresponde a un bolsasnombre que lo define desde el punto de vista químico (por ejemplo, el E-264 es el acetato de amonio) y que muchos de ellos son sustancias que se pueden encontrar habitualmente en la naturaleza (por ejemplo, el E-300, el ácido ascórbico, no es otra cosa que el nombre químico de la vitamina C) y que otros (los menos) proceden obligatoriamente de síntesis. Así, a la hora de mencionar su inclusión en la lista de ingredientes algunos fabricantes prefieren mencionarlos por su nombre químico y obviar su correspondiente código E que, al parecer, tanta preocupación suelen generar entre los consumidores cuando están presentes. Esta situación ha dado pie a la picaresca de algunos productores de alimentos a la hora de hacer creer con esta argucia que su producto no contiene aditivos (no te pierdas este post “Sin porquerías” de JM López Nicolás para Naukas). Así pues, salvo una especial y particular predisposición para sufrir determinadas alergias, no has de temer a los aditivos. Ahora bien, usa con cabeza aquellos alimentos que los contienen, algunos de ellos son innecesarios y solo los vas a encontrar entre los alimentos procesados y, un patrón de consumo caracterizado por la presencia de este tipo de alimentos no es el más aconsejable. Presume de consumir alimentos “genuinos” siempre que sea posible, sin colorantes, conservantes, antioxidantes, aromas, espesantes, antiagregantes, etc. pero no porque sean nocivos sino porque a lo mejor olvidas como son los originales.  

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