Miércoles, 02 de Diciembre de 2020

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MUNDIAL DE BRASIL

Alemania reescribe la historia

En una goleada que nunca será olvidada, la selección de Joachim Löw destroza a la pentacampeona del mundo y anfitriona de un país roto por la afrenta de los siete pecados brasileños

Los jugadores alemanes festejan el séptimo gol ante Brasil

Los jugadores alemanes festejan el séptimo gol ante Brasil / GETTY IMAGES

Cinco goles en media hora decidieron el partido, aunque en el espacio del verbo 'decidir' quepa casi cualquier elección personal: 'dilapidaron', 'aplastaron', 'ejecutaron' y un largo etcétera. El gol inicial de Müller desestabilizó a la selección carioca hasta un punto nunca visto antes para la dominadora de este deporte que se derritió en siete minutos, del 22 al 29, en los que Klose, Khedira y Kroos, por partido doble, marcaron final.

En unas semifinales de la Copa del Mundo siempre es difícil asistir a escenarios hambrientos de gol o que dejen espacio para la poesía del fútbol. La tensión y el miedo a perder suelen pesar más que la intención de alcanzar la gloria y por eso, cuando se da un caso como el vivido en Mineirão, debemos sentirnos afortunados. No todos pensarán lo mismo, claro. Si uno rinde pleitesía a los antiguos dioses de la 'canarinha' o lleva su bufanda en la mochila, definitivamente, no fue un buen día para levantarse.

Nadie podía presagiar en los prolegómenos del partido que íbamos a asistir a un hecho tan insólito. Menos aún David Luiz y Julio Cesar que, para encorajinar más a la 'torcida', sostenían la camiseta del lesionado Neymar durante el himno. Con el astro fuera, quebrado, y Thiago Silva, amonestado, la situación era grave. En el minuto diez pasó a ser crítica.

Ese es el tiempo que le duraron las fuerzas a la escuadra de un Scolari caricaturizado en la banda. Y hay que reconocer que la intención de salida fue buena, por actitud y sensaciones, que ajustaban un partido bonito, fácil de digerir. Dos propuestas atrevidas, una con argumentos, la otra por obligación. En esos primeros lances, la selección brasileña ganó cada balón y contuvo a su rival. Lo que apareció a continuación fue la dilatada trayectoria de los germanos a balón parado, con incrédulo desconocimiento para los brasileños.

Müller, tras un saque de esquina de Kroos, se apresuró a rematar pero paró en seco: estaba completamente solo. Tuvo la templanza necesaria para esperar que la gravedad hiciera el resto y el balón se situase a la altura de su bota que no falló. Alemania asimiló el gol como un bálsamo que calmaba el tanto de Puyol en las semifinales de Sudáfrica, por coincidir en escenario y factura. Más sorprendente fue el desplome local que, ante su hinchada y en su evento, entró en pánico, lleno de dudas y abocado al pelotazo.

La historia entró en escena entre el minuto 22 y 29. 420 segundos en los que solo existió una selección en el planeta. Los teutones, predicando con el mejor estilo español, sin entretenerse tanto en el medio y con la simplicidad por 'castigo' en ataque, desarbolaron sin contemplaciones a la defensa brasileña como si fueran un grupo de niños de las favelas. Klose, Kroos, con el doblete en menos tiempo de la historia, y Khedira hicieron llorar a los alemanes de alegría.

Pitos brasileños, aplausos germanos.

El golpe también dejaba consecuencias entre los brasileños que se dejaban lágrimas de impotencia, ante el que debía ser su año. Al descanso, la tragedia en las caras de los aficionados de Mineirão era insoportable, con la mayor desgracia de su historia. Un batacazo que pesará un siglo.

En la cuna del fútbol, en el país de los que han levantado cinco veces este trofeo la pregunta en ese instante era si Alemania se apiadaría de Brasil o le infringiría un daño mayor. La segunda parte no dejó de ser el epílogo de la primera, ya insustituible, y los teutones jugaron con el tiempo y con sus fuerzas.

Brasil lo intentó desde su orgullo herido, tratando de recuperar un pedazo de su bandera deshilachada, pero la tortura en esta noche negra solo podía ir en aumento. Estaba escrito. El equipo que se parecía al Brasil del 70, una de las mejores selecciones de la historia, era Alemania. Con su juego de toque y posesión tuvo tiempo para cambiar a Klose, que se marchaba como máximo goleador de la historia de los Mundiales (16) por encima de Ronaldo Nazario. Un brasileño, para más inri.

Su sustituto, Schürrle, finiquitó la goleada pero no el dolor carioca. Suyos fueron el sexto y el séptimo. Los últimos dos pecados de la defensa de Scolari que, sin su jefe Thiago Silva, pecó de todas las maneras posibles. El primero de los dos en otra jugada con taco de billar en el área pequeña y el último con un soberbio disparo contra el interior del travesaño. En el noventa, sin nada ya que maquillar, Oscar hizo el 1-7. Difícil recordar algo así no en la historia del fútbol, sino en la del deporte. Quizás por ello los jugadores brasileños salieron rezando y pidiendo disculpas, aunque el dios al que hablaban esta noche fuera Odín.

Gol de Schürrle (Brasil 0-7 Alemania)

Gol de Schürrle (Brasil 0-6 Alemania)

Gol de Khedira (Brasil 0 - Alemania 5)

Gol de Kroos (Brasil 0-4 Alemania)

Gol de Kroos (Brasil 0 - Alemania 3)

Gol de Klose (Brasil 0-2 Alemania)

Gol de Müller (Brasil 0-1 Alemania)

Gol de Oscar (Brasil 1-7 Alemania)

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