El polvorín de Ucrania
"Podríamos aparcar las pequeñas miserias cotidianas para acordarnos de que algo muy gordo se está cociendo ante nuestras propias narices"

Madrid
Ya entendemos que la economía se haya convertido desde hace tiempo casi en la única prioridad de la política europea. No hay más que ver el zafarrancho que se ha organizado con las elecciones griegas y el frenético baile de viajes, declaraciones, gestos y amenazas de estos últimos días; con la deuda, el rescate, los bonos y todo el vocabulario propio de este negociado inundándolo todo. Hoy sin embargo, al menos por una vez, no estaría de más –aunque sea por pura inquietud ciudadana- mover el foco y acordarnos de que tenemos una guerra llamando a la puerta. Sí, sí, una guerra…..desencadenada por Rusia, que hasta ahora las sanciones no han conseguido frenar y que amenaza con convertir Ucrania en un gigantesco campo de batalla.
Ya es sintomático que Angela Merkel y François Hollande hayan reconstruido a toda prisa el eje Berlín-París para hacer de mediadores. Lo malo es que en este conflicto no vale la equidistancia: hay un agresor y a él debe dirigirse toda la presión. Claro que luego está el pequeño detalle de cómo puede reaccionar Putin si le aprietan demasiado las tuercas. Y no quiero ni pensar en qué escenario nos encontraríamos si Estados Unidos decide suministrar armamento a Ucrania, cosa que la Unión Europea ya ha descartado.
Resumiendo: que el tema está realmente complicado. Y me ha parecido que hoy al abrir 'La Ventana' podíamos aparcar las pequeñas miserias cotidianas para acordarnos de que algo muy gordo se está cociendo ante nuestras propias narices. Si les gusta rezar, recen. Y si no al menos crucen los dedos porque me temo que vamos a necesitar todas las ayudas posibles para desactivarlo.






