Viernes, 27 de Noviembre de 2020

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El método Trapiello para leer el ‘Quijote’

El escritor rejuvenece el lenguaje de la obra de Cervantes sin alterar sus tramas ni su significado

Una estatua de Don Quijote, sobre un paisaje.

Una estatua de Don Quijote, sobre un paisaje. / GETTY IMAGES

Nadie sabe qué edad es la mejor para empezar a leer el Quijote. Igual que los molinos al hidalgo, las miles de páginas derramadas por Cervantes imponen a cualquier lector que pretenda enfrentar el texto. Por ello, el escritor Andrés Trapiello acaba de publicar una adaptación en la que la novela se cuenta en un castellano contemporáneo. La edición con la que trabajó, y que sí conserva el español de Cervantes, aloja más de cinco mil notas al pie. Y disfrutar una novela, según el escritor, poco debería tener que ver con esa suerte de aclaraciones.

"No es verdad que baste un pequeño esfuerzo para leer el Quijote", siente el leonés, que recuerda que el significado de muchas palabras ha cambiado desde el siglo XVII. También la estructura de las frases, que respondía más a la gramática del latín que a la del castellano. Para actualizar la obra, el autor ha empleado 14 años de su vida. "No quería perder a Cervantes", cuenta. Afinar esa fidelidad al original sin que el texto dejara de explicarse a sí mismo es, según Trapiello, la miga del trabajo: "A veces, pasaba tres horas con un solo párrafo".

Para Juanjo Millás, sentado frente a él en Hoy por hoy, una obra como esta era más que necesaria. "Los españoles tenemos una relación nefasta con el libro", comenta el escritor, también al comparar a Cervantes con Shakespeare y recordar la eterna fijación con la que Inglaterra degusta los versos de este último. Uno de sus primeros recuerdos del Quijote eran las ilustraciones que, en 1947, confundían al hidalgo con Franco o José Antonio Primo de Rivera. Aquello y los molinos: una de las metáforas de la fantasía que, aunque magnificada en nuestro imaginario, solo ocupa media página del texto.

Juanjo Millás y Andrés Trapiello. / SER

"El lector contemporáneo es capaz de entender la locura del Quijote, que vive un delirio estructurado. Sin las dificultades del castellano antiguo, se ve mucho más claro", anota Millás. De hecho, y como recuerdan los autores, la obra de Cervantes incluso cuenta con un apunte postmoderno: en el segundo tomo de la novela, firmado en 1615 y diez años después del primero, aparece una referencia al mismo libro, así como una mofa, también, del Avellaneda que quiso plagiar al genio.

La salud con la que el novelista afrontó trampas como aquella, según Trapiello, es otro de los motivos por el que él se embarcó durante años en esta peripecia de afecto a Cervantes. Aunque no todas las adaptaciones sean tan fieles como la suya; y el escritor alaba la serie de dibujos animados que en su día produjo y emitió la TVE de la Transición. El ejemplar que él compró con una propina, cuando tenía ocho años, estaba ilustrado con grabados. Como cuenta, cualquier edad es buena para, al menos, oír hablar del Quijote.

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