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Miércoles, 13 de Noviembre de 2019

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La Princesa de Éboli

Conocida como la mujer del parche, su falso idilio amoroso con Felipe II y su no menos legendario encierro en el palacio ducal de Pastrana, celebramos en estos días el 475 aniversario del nacimiento de Ana de Mendoza, princesa de Éboli (1540-1592).

Ana de Mendoza y de la Cerda fue bautizada el 29 de junio de 1540 en la localidad alcarreña de Cifuentes. De lo que se deduce que debió de nacer seguramente dos o tres días antes; el 26 o el 27 de junio. En la partida de bautismo figura bajo el nombre de "Juana" aunque en el resto de documentos históricos siempre aparece con el nombre de Ana.

Infancia oscura

Sus padres fueron Diego Hurtado de Mendoza, príncipe de Mélito y nieto del Gran Cardenal Mendoza, y Catalina de Silva, hija de los condes de Cifuentes, cargo que luego heredaría su hermano.

La primera mención que de ella se hace en la documentación de la época es del 7 de mayo del año 1553, cuando estaba a punto de cumplir los trece años de edad. En una carta de Juan de Sásamo, secretario del emperador Carlos V, al servicio del príncipe Felipe dirigida a Francisco de Eraso, también secretario del Emperador, hace referencia al enlace entre Ana y Ruy Gómez. De ella se habla en estos términos: "Su alteza ha casado a Ruy Gómez con hija del conde de Mélito, que ahora es heredera de su casa, y también lo podría ser de la del conde de Cifuentes; porque no tiene sino un niño y es bien delicado. La moza es de 13 años y bien bonita aunque es chiquita."

Al casarse, el matrimonio pasó a convertirse en condes de Mélito, título cedido por el padre de la novia. La poca edad de Ana, apenas contaba en aquel entonces con 13 años, hacía inviable la consumación del matrimonio. De esta forma, aprovechando la situación gracias a la cual Ruy Gómez debía acompañar al todavía príncipe Felipe en su viaje por Inglaterra y Flandes, el portugués dejó a su esposa en casa de los padres hasta su regreso definitivo en 1559.

De su infancia no hay apenas más noticias. Conocemos que en 1555 estuvo viviendo en Zaragoza cuando al padre de la Princesa le nombraron virrey de Aragón. Dos años después en 1557, nos la encontramos en Valladolid. Allí residió primero con sus padres en una casa alquilada, aunque su ubicación exacta está totalmente perdida, y luego —desde enero de 1558 hasta agosto de 1559— en el castillo de Simancas, justo en el momento en el que este edificio dejó de ser cárcel para convertirse en lo que todavía es hoy, un importante archivo histórico.

Una familia rota

La vida en familia no debió de ser muy agradable. Como cuenta en varias cartas Juan de Escobedo a Ruy Gómez, sus padres se pasaban el día en disputa continua: "su negocio en mesa y fuera de ella, era tratar de morderse y decirse lástimas, y que por el mismo caso entendía que siempre estaban disconformes". Era él quien más leña echaba al fuego, al estar todo el día detrás de faldas, aunque tampoco la forma de ser de la madre resultaba de lo más modélico. En cualquier caso, el comportamiento de la joven Ana fue ejemplar. Así lo atestigua la correspondencia conservada de estos años en Valladolid en la que se le reconoce al mismo Ruy: "tenéis una mujer muy honrada y muy sesuda para su edad, y parece de muchos más años de los que tiene; no os cumple tenerla con sus padres en ninguna manera del mundo".

La razón de incompatibilidad matrimonial fue la causa de separación que gracias a la mediación de Juana de Austria, hermana del rey Felipe II y Gobernante en su ausencia, se llevó a cabo cuando doña Ana y su madre pasaron a vivir al castillo de Simancas (Valladolid) en enero de 1558.

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