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Miércoles, 17 de Julio de 2019

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Palestina: la cuestión oculta

El nombre de Palestina dicho como decimos Italia, Irak, el Cáucaso o la Península Ibérica, parece haber quedado despojado de sentido, como si solo existiese o hubiera existido en cuanto que problema, conflicto o como mucho reverso incómodo del Estado de Israel. Pero antes de ser “problema” Palestina fue simplemente Palestina, lo cual es sin duda una obviedad pero una obviedad olvidada. Y ese olvido no es fortuito sino programado.

Dos imágenes de Ramala en 1940, durante el Mandato Británico /

El término Palestina, que aparece ya en inscripciones egipcias del siglo XII antes de Cristo, ha sido el nombre con el que a lo largo de los siglos se ha designado un espacio claramente delimitado desde el punto de vista geográfico, histórico, cultural, sociológico, demográfico, administrativo y político; entre el Mediterráneo y el Jordán, entre las montañas al norte de Galilea y el desierto de Sinaí, el territorio que en época del Imperio Romano se denominaba Palestina se identifica con el que en el siglo XIX, y con el mismo nombre, formaba parte de la provincia de siria del Imperio otomano. Tierra tan antigua como la historia de la humanidad, cargada de connotaciones religiosas e históricas para Oriente y Occidente, Palestina además de todo eso es la tierra donde vivían los palestinos.

El conflicto árabe-israelí es antiguo pero no ancestral, no se hunde en la profundidad de los tiempos ni está inscrito en los genes de sus gentes; tiene fecha de nacimiento y se podría decir que padres reconocidos.

Fue a finales del siglo XIX y sin que los habitantes de la zona tuvieran conocimiento de que sus vidas y su destino colectivo habían adquirido carácter problemático cuando Palestina se convirtió en “La cuestión palestina”. El proyecto sionista que comenzó a gestarse en despachos y cancillerías europeas, no solo dibujaba un futuro insospechado entonces para la población árabe de Palestina sino que tenía también que desdibujar su pasado hasta convertirse en mero preámbulo del futuro Estado judío.

Los primeros colonos del movimiento sionista llegaron a tierra palestina en la década de 1880 cuando la religión aún estaba bajo dominio otomano. Se instalaron en la fértil llanura costera al norte de Yafa, en tierras adquiridas por el barón Edmond Rothschild, figura clave en la financiación y promoción del movimiento. Gran parte de esas compras se hicieron aprovechando la legislación de la tierra de 1876 que permitió a la Administración otomana y a algunos grandes terratenientes que residían en Estambul o en Beirut, hacer provechosos negocios, quedándose con las tierras de notables palestinos que no podrían pagar los abusivos impuestos del Imperio para revenderlas después a los altísimos precios que Rothschild y la Palestine Jewish Colonization Asociation (PICA) estaban dispuestos a pagar.

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