Viernes, 04 de Diciembre de 2020

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5 DE MARZO DE 1916

El Titanic español cumple 100 años

Hace un siglo, el ‘Príncipe de Asturias’ era el barco más lujoso de España. En plena travesía Barcelona-Buenos Aires y en medio de una fuerte tormenta, el transatlántico se estrelló contra un arrecife frente a la costa de Brasil. El impacto abrió en canal el buque, que se hundió en cinco minutos. Murieron 445 personas

FOTOGALERÍA | El buque ‘Príncipe de Asturias’, durante las pruebas de mar en el río Clyde (Reino Unido) / CADENA SER

La era de los palacios flotantes

Con la historia de la aviación aún en pañales, las primeras décadas del siglo XX estaban monopolizadas por las grandes compañías transatlánticas. Construían enormes buques, calificados por los periodistas de la época como ‘palacios flotantes’, en los que habitualmente viajaban importantes empresarios para hacer negocios a ambos lados del océano, así como emigrantes que buscaban en América una vida mejor.

El año de su botadura, en 1914, el ‘Príncipe de Asturias’ era el barco más lujoso de España junto a su gemelo, el ‘Infanta Isabel’. Tenía una capacidad para 1.900 pasajeros, una cifra que reflejaba las dos realidades de la época, porque 150 viajaban en primera clase y hasta 1.500 en la bodega, en su mayoría emigrantes, que acababan durmiendo en la cubierta cuando atravesaban latitudes tropicales.

Estos navíos contaban con compartimentos estancos, que podían quedar sellados en caso de que se abriera una vía de agua en el casco. Una tecnología que, según los armadores de la época, lo hacía insumergible. Presuntamente. Su hundimiento es la segunda mayor tragedia de la Marina Mercante Española. Entonces, fue la catástrofe naval más importante en la historia de España hasta el naufragio del Valbanera en 1919.

Botes en la cubierta de primera clase. El naufragio fue tan rápido que no dio tiempo a arriarlos

El naufragio: 5 de marzo de 1916

3:00 AM. El capitán del ‘Príncipe de Asturias’, José Lotina Abrisqueta, veterano de la flota Pinillos, duerme en su camarote cuando le despierta un agudo silbido del tubo acústico. Sus oficiales llevan tres horas batallando con una fuerte tormenta, densa niebla, multitud de rayos y fuerte marejada. La visibilidad es nula. El capitán Lotina aparece inmediatamente en el puente de mando, visiblemente preocupado. Aunque no se ve, intuye que está cerca de la costa brasileña, en las proximidades de la isla de San Sebastián y a merced de las corrientes.

4:15 AM. Un destello en el horizonte les corta la respiración. Puede ser la luz del faro de Ponta do Boy. Un segundo fogonazo confirma que la proa del buque está a una milla y que están a punto de abordar los arrecifes de Punta Pirabura a una velocidad de 10 nudos, algo más de 18 km/h. El capitán Lotina se lanza sobre la palanca y marca ‘atrás toda’ al grito de ‘todo a babor’. El cuarto oficial pulsa los interruptores que cierran los compartimentos estancos. No dio tiempo a más.

El buque impacta con fuera contra los arrecifes. Según el testimonio de los supervivientes, el barco salta por los aires y al caer se abre una brecha de proa a popa. Las consecuencias del choque son dramáticas. En la sala de máquinas, las calderas se sueltan y aplastan a los fogoneros. El interior del navío, con el casco abierto en dos, se está inundando a gran velocidad.

El capitán Lotina ordena al radiotelegrafista que envíe un SOS y al resto de la tripulación que arríen los botes. Inmediatamente después activa la megafonía y anuncia al pasaje que “todo está perdido”. No tuvo tiempo de más. Una gran ola arrasa el puente del mando y lo acaba hundiendo. Las calderas estallan. El agua hierve y muchos pasajeros mueren abrasados. El sistema eléctrico había caído. El SOS nunca llegó a emitirse.

4:20 AM. Sólo han pasado cinco minutos y el ‘Príncipe de Asturias’ está completamente anegado, hundido de proa, con la popa fuera del agua y las hélices girando. La proa del trasatlántico choca contra el fondo del mar y hace que el buque quede en esa posición durante unos segundos. Una segunda explosión sentenció el buque definitivamente. Recordemos que el Titanic tardó dos horas en naufragar. De los 588 pasajeros y tripulantes que viajaban a bordo, murieron (al menos) 445 personas. Siempre según datos oficiales, porque no había un registro oficial de los emigrantes que viajaban a bordo, muchos sin documentación, sin contar con los polizones.

Un corte en el suministro eléctrico impidió que el radiotelegrafista lanzara un SOS

Las teorías de la conspiración

Los hechos ocurrieron en plena Gran Guerra, durante la I Guerra Mundial. El océano Atlántico estaba plagado de buques de guerra y el testimonio de algunos supervivientes avalaría la teoría de que un torpedo hubiera hundido el barco. Otros hablaron de una supuesta relajación de los oficiales del barco porque la noche del naufragio se estaría celebrando a bordo una fiesta de carnaval.

Con todo, la falta de visibilidad en la zona y la posible desviación de la aguja de la brújula (compás magistral), motivada por la fuerte tormenta eléctrica, son las causas más plausibles del naufragio. Otras fuentes señalan la poca potencia del faro de Ponta do Boy como desencadenante de la tragedia.

El pecio está hundido a una profundidad de 45 metros. La bodega guardaba 45.000 libras esterlinas de oro (guardaba, en pasado), más de 3.000 sacas de correos, y un coche, un Renault 35 HP, un vehículo exacto al que se hundió con el Titanic. También transportaba 20 estatuas del Monumento a la República (Monumento de los españoles), un regalo de la comunidad española residente en Argentina con motivo del Centenario de la Independencia con nuestro país en 1810. Un siglo después, sólo ha aparecido una, partida en varios trozos, expuesta en el Museo Naval de Río Janeiro.

Así, más que un tesoro, el ‘Príncipe de Asturias’ se fue a pique guardando una gran incógnita: cómo es posible que volviera a repetirse la tragedia del Titanic, por causas bien distintas, apenas cuatro años después.

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