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Viernes, 21 de Febrero de 2020

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El Enigma de la Sábana Santa

Si tenemos que hablar de una reliquia importante en la historia del cristianismo, la Sábana Santa destaca sobremanera. Considerada una falsificación medieval pero que nadie ha sabido cómo reproducir, su precisión en la descripción de la muerte de Jesús sigue haciendo de ella una fuente destacada para los forenses que se acercan a conocer las últimas horas de la vida del Nazareno.

La noche de los tiempos cubre con su velo más oscuro la historia de esta reliquia. Sin embargo el paso de los siglos, quizá milenios no ha hecho que olvidemos el valor de esta insólita pieza de lino que según la tradición cubrió el cuerpo de Jesús una vez muerto en la cruz.

Sin lugar a dudas se trata de la reliquia más insólita no solamente por su tamaño, mide 4,32 metros por 1,10, sino por la imagen que alberga en una de sus caras. Se trata de una imagen doble. A un lado muestra el verso y en el otro el reverso del cuerpo de un varón de poco más de 1,80 metros de altura, de corpulencia atlética, con barba, cabello largo, y una edad aproximada que perfectamente podría rondar los 40 años. No hay restos ni de pintura ni de ningún tipo de tinte. Sobre el cuerpo de la sábana pueden verse los restos de heridas y de sangre. Curiosamente muchas de ellas son prácticamente idénticas a las sufridas por Jesús según se cuenta en el Nuevo Testamento. Su rostro es recorrido por finos hilos de sangre que proceden de la cabeza y que posiblemente fueran originados por una especie de casco de espinas. Sobre el costado izquierdo una gran brecha denota la presencia en el cadáver de un terrible lanzazo que probablemente acabara causando la muerte de este desgraciado. Además, sobre las muñecas y los pies varias marcas dejan evidencia clara de la presencia de unos clavos sobre los que se había sujetado el cuerpo. El resto del cuerpo estaba cubierto por miles de señales dejadas por los macabros azotes sufridos en vida por este crucificado.

Un negativo fotográfico

Sin embargo, hubo un detalle que acabó por desconcertar a los investigadores. Y es que en realidad la SS es un “negativo” fotográfico. Es decir tenemos que observar lo que para nosotros es un negativo fotográfico para poder ver el verdadero “positivo” de la figura del hombre de la sábana.

Este detalle no fue conocido lógicamente hasta que se hizo la primera fotografía. Y esto ocurrió en una de las pocas ostensiones públicas que se han realizado de la SS. Fue en mayo de 1898 y el encargado de tan extravagante operación fue el fotógrafo Secondo Pía. Después de construir un complicado andamiaje frente a la capilla de la catedral de Turín, lugar en donde se exhibía la pieza, realizó varias placas fotográficas. Una vez en su estudio, Secondo Pía pudo observar que el negativo de las placas mostraba con todo detalle el rostro y el cuerpo de un hombre. No había duda de lo que veía. Sobre la placa podían distinguirse con toda claridad el rostro tranquilo de un hombre. El negativo fotográfico se había convertido en positivo. Aquello sí parecía ser un milagro.

¿Era esta imagen el verdadero rostro de Jesús? Hasta lo que entonces no había sido más que otra reliquia de entre las miles que poblaban en aquel 1898 la faz de la tierra, se convirtió de la noche a la mañana en el estandarte de la fe cristiana. Un verdadero símbolo de la naturaleza del redentor del hombre, al que se acercaron innumerables teólogos e investigadores. Pero, ¿cuál era el origen de aquella misteriosa pieza de lino que había conseguido pasar casi desapercibida durante siglos?

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