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Martes, 15 de Octubre de 2019

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Ciudadano Jesús

¿Fue Jesús un enigma? Muchos opinan que sí pero, creo, que es esta una pregunta a la que sólo se podrá responder convenientemente al final de este libro. Personalmente pienso que Jesús no fue en verdad un enigma, sino que otros, los evangelistas, lo presentaron como tal, quizás sin querer.

A no ser que se piense que Jesús fue un “enigma” como todos los hombres grandes. Y Jesús lo fue, y tuvo, como los demás grandes, múltiples facetas. Veremos, sin embargo, que el enigma es resoluble.

El libro presente ofrece el fruto de las respuestas a preguntas en torno a este tema que me han sido formuladas, en clase, cursos, seminarios y conferencias, a lo largo de muchos años de docencia universitaria y de extensión de esa docencia en actos y textos de divulgación como programas de TV, radio, entrevistas y respuestas a “postales” en blogs de Internet, en donde se formulan comentarios, réplicas y preguntas. Nace por tanto de mi experiencia y de muchos años de estudio.

A propósito de esas preguntas reales, yo mismo me he visto llevado a formularme otras, como si tuviera alguien enfrente dialogando conmigo a igual que en el antiguo ejercicio escolar de la Antigüedad denominado “diatriba”: dialogar con un personaje de ficción, o la técnica denominada “erotemática”, es decir, “aprendizaje por medio de preguntas (y resopuestas)”. Pero no son preguntas puramente imaginativas sino que pueden o podrían representar interrogantes reales de alguien que podría formulármelas en la vida real.

Pero debo advertir que no todas las preguntas tienen respuestas seguras. En la historia antigua hay muchos enigmas y la vida de Jesús no se escapa, ni mucho menos, a este destino. Pero he intentado se vea bien claro qué respuestas son prácticamente seguras y qué hipótesis razonables. La mayoría de las respuestas van unidas a expresiones como “en mi opinión”, “es posible”, “probablemente”, “el sentir medio de la investigación o de los estudiosos” porque realmente es así: respecto a Jesús hay muchas preguntas y pocas respuestas absolutamente seguras. El primer deber de un historiador es ser modesto y reconocer que si toda reconstrucción histórica del pasado es difícil, mucho más cuando el personaje, cuya figura se intenta reconstruir, vivió hace unos dos mil años.

Además, Jesús no dejó nada escrito; sus “biografías” comenzaron a componerse muchos años tras de su muerte, quizás la primera, la de Marcos unos cuarenta años después. Sabemos que todo personaje grande ya fallecido sufre un proceso de idealización y engrandecimiento evidente, y que la tradición oral, sufre muchos avatares y distorsiones.

Por si fuera poco, la inmensísima mayoría de las fuentes sobre el personaje Jesús son claramente partidarias, a favor la mayoría; unas pocas, y en el siglo II, claramente en contra. ¿Cómo encontrar la verdad entre tanto partidismo a favor o en contra? Por otro lado, lo que se diga sobre Jesús no cae en saco roto, porque para muchos seres humanos Jesús es el hombre más grande de entre los que han existido jamás y el de mayor influencia. Su vida, sus palabras y acciones son el fundamento de una religión con cerca de dos mil millones de seguidores y la base, al menos lejana, de diversas instituciones cuyo poderío fáctico, social, económico y religioso es muy fuerte.

A pesar de tantas dificultades para la reconstrucción del personaje histórico, no pertenezco, ni mucho menos, a la legión de los super pesimistas o super escépticos que defienden que el personaje nunca existió.., o que conocerlo es imposible. Pienso que, aparte de su real existencia –veremos los argumentos--, la crítica histórica tiene hoy día notables instrumentos para delinear al menos, y sin temor a equivocarse mucho, cómo fueron las líneas maestras del personaje Jesús. Además, la crítica histórica lleva desde 1768, dando vueltas y vueltas al tema “Jesús”, y a lo largo de este tiempo has sido muchos los hombres de talento excepcional los que se han ocupado de este tema. Modestamente me quiero situar en la línea de esta larga investigación e intentar ofrecer al lector el punto medio que suele darse en ella y que goza de un notable consenso.

No se trata aquí de defender una fe, ligada a una imagen de Jesús, o de atacarla. Ni mucho menos… ¡Ni siquiera se pasa tal pensamiento por mi cabeza! Quienes me conocen de antaño saben que es profundamente verdad y que lucho por la independencia, ciertamente, paro ante todo por la imparcialidad. Se trata de acercarse a la figura y misión de Jesús, con los menores prejuicios posibles, y de ofrecer un acercamiento maduro, honesto y de acuerdo con la ciencia histórica a su persona y a su pensamiento.

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