Domingo, 07 de Marzo de 2021

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MIÉNTEME CINE

Algo le pasa a la montaña

Los últimos días de Pompeya no fueron exactamente como ha relatado el cine.

Algo le pasa a la montaña

Fotograma documental

Buena parte de lo que creemos saber sobre la vida cotidiana del Mediterráneo clásico, se inspiran en la zona arqueológica que este año superará los tres millones de curiosos, como nos dice en el audio Massimo Osana, el encargado de gastar los más de cien millones de euros con los que la Unión Europea acudió al "rescate" de Pompeya y Herculano hace cinco años.

Paqui Ramos recorre los lugares más populares de Pompeya en compañía de Osana, el lupanar, los moldes de cuerpos y el templo de Isis, mientras encontramos en el cine las imágenes que ocupan nuestra memoria sobre la historia de Pompeya. Roberto Rosselini, con la ayuda de Ingrid Bergman y George Sanders, en la secuencia más impactante de "Te querré siempre”, nos indujeron a creer que habían filmado el hallazgo real de dos de los muchos moldes de cuerpos enterrados por las cenizas del Vesubio.

Recuperamos la descripción que realizó Plinio "el joven" de la erupción más conocida del mundo, de la que se dudó hasta hace solo 35 años. Hoy hay cámaras apuntando a los principales volcanes del planeta, que pueden verse desde variadas webs profesionales y aficionadas, pero el Vesubio es el más vigilado, ya que a sus pies viven cuatro millones de napolitanos, y las dos últimas erupciones se han producido con un lapso de unos dos mil años, lo que indicaría que el lago de magma bajo la montaña puede estar aproximándose a la presión eruptiva. Desde el Observatorio Vesubiano nos indican las posibilidades de previsión.

La cultura romana produce más novedades editoriales que ninguna otra, y desde las recientes SPQR o Los secretos de la Roma antigua, todos hacen parada en Pompeya para rememorar grafitis o modificar deducciones dadas por ciertas hasta hace muy poco. El libro Pompeya de Mary Beard sigue disfrutando de nuevas ediciones en todo el mundo, y hoy es la obra más referenciada para los aficionados. Beard apunta una enorme cantidad de hechos dados por ciertos demasiado apresuradamente, desde la misma fecha del acontecimiento, probablemente mal transcrita por los copistas medievales en la única copia existente, hasta los roles adjudicados a muchos de los moldes conservados.

MI paseo por pompeya

Paqui Ramos

Llegar a Villa dei Misteri en transporte público ya es, de por sí, una aventura. Un trayecto que debería durar 35 minutos puede llegar a convertirse en una hora y media por culpa de retrasos, averías y desvíos. La entrada más cercana a la estación es la Porta Marina, a la que se llega atravesando multitud de puestos en los que me agencio un sombrero y una botella de agua (imprescindible).

Al contrario que en Herculano, no tengo la sensación de bajar a unas excavaciones. La entrada está al mismo nivel que la ciudad. Enfilo la Vía Marina hasta el Foro donde me abro paso entre la multitud de personas que hacen cola para ver dos de los calcos o moldes de yeso más visitados: el de un perro y un hombre agachado cubriéndose la cara con las manos. El último gesto antes de que la nube de cenizas cayera sobre ellos.

La Vía dell’ Abbondanza es la que acumula el mayor número de edificios reconstruidos y restaurados. Aquí estaban la mayor parte de los negocios. A la entrada de muchos de ellos se apostan vigilantes que cuidan de que nadie se lleve “trocitos” y que ningún visitante se despiste, se salga del recorrido y pise, sin querer, un mosaico de hace 2000 años (juro que fue un despiste).

El sol cae de plano y caminar por los adoquines de las calles no es cómodo. Menos mal que hay fuentes por todas partes para recobrar el aliento. También te deja sin aliento la cantidad de genitales masculinos que te vas encontrando por las calles y los muros y que, en contra de lo que muchos piensan, no señalan el camino al lupanar. En Pompeya las transacciones sexuales estaban al orden del día. Y en cada esquina podrías encontrarte un pequeño espacio para el tema. Pero el mayor burdel de la ciudad antigua, y el más visitado de la moderna, es el lupanar. Perfectamente reconstruido llaman la atención los frescos del distribuidor con imágenes de sexo muy explícitas.

El Templo de Isis, el Anfiteatro, las casas de los patricios, los bares, las lavanderías… Pasear por Pompeya es descubrir lo parecida que era su forma de vida en el 79 DC comparada con la de muchas ciudades en la actualidad.

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