Viernes, 23 de Octubre de 2020

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REFUGIADOS

“Me muero varias veces cada día”

Hay 58.452 personas bloqueadas en diferentes campamentos de Grecia desde que llegaron al país heleno cruzando el mar Egeo. Están deprimidos y desesperados, “como en una cárcel”

El cierre de las fronteras en los Balcanes, sumado a la lentitud de los procesos burocráticos y la escasez de las reubicaciones, mantiene a miles de familias en condiciones muy precarias

“Me muero varias veces cada día”

Campo de refugiados de Tesalónica, Grecia / CADENA SER

Los campos de refugiados en Grecia están desbordados, con miles de familias durmiendo en tiendas, barracones y en condiciones insalubres. En total hay alrededor de 58.500 migrantes y refugiados bloqueados en territorio heleno. Casi la mitad son niños. En La SER hemos hablado con Mohammad Algrawe, un joven sirio que llegó a Grecia en marzo y ha estado desde entonces malviviendo en campos de refugiados. Primero en Idomeni, cerca de la frontera con Macedonia, hasta que el campamento fue desmantelado con el cierre de las fronteras en los Balcanes, y ahora en Tesalónica.

Lleva desde entonces sin sus gafas y con dolores de cabeza constantes; las perdió en su viaje por el mar Egeo y no tiene dinero para comprar otras. Su testimonio es desgarrador. “Estoy intentando estar bien, pero aquí la situación es muy mala. El campo está mal construido, hay malas tiendas. Hay mucha gente en este campo, unas 1.200 personas, y no hay centro médico, no hay suficiente comida ni agua, no hay nada bueno aquí. Esto no es vida normal, no es vida normal. Me muero varias veces todos los días, todos los días, por la mañana, la tarde y en la cena... Muero varias veces cada día”.

Mina Shayan, intérprete de farsi, trabaja con Médicos del Mundo en uno de los tres campos de la isla griega de Chíos. Allí hay unas 600 personas, pero no deja de llegar gente, y los recursos son muy insuficientes. Niños, ancianos y mujeres embarazadas duermen en el suelo y en muy malas condiciones, sin nada para calentarse. Muchos llegan a las consultas médicas con problemas, enfermos y con dolores de espalda, cuenta Mina. Además, al haber tantas personas juntas todo se contagia muy rápido.

La violencia que genera la incertidumbre y la discriminación por nacionalidades, así como las depresiones, son cada vez más habituales. Cualquier pequeño roce es susceptible de acabar en pelea porque hay mucha crispación entre los refugiados. Mina explica que “la mayor parte de la gente está deprimida porque llevan aquí mucho tiempo. Hay mucha incertidumbre, no saben lo que va a pasar”.

Mohammad era estudiante de ingeniería en Damasco hasta que lo tuvo que abandonar todo por la guerra. Cuenta que está perdiendo la cabeza estando allí atrapado, sin posibilidad de avanzar ni tampoco volver a su país. “Todos los días pregunto a Naciones Unidas por la situación aquí y nadie contesta. No hay internet, no hay nada, es como una prisión. No puedo salir del campo, y no tengo dinero para comprar nada ni hacer nada. Tengo que quedarme en el campo y comerme mi comida asquerosa. Este campo es como una prisión, no es un campo para un ser humano”. Su desesperación es tal que se ha planteado volver a su país. “Ojalá pudiera volver a Siria. He preguntado a Naciones Unidas, pero me han dicho que no puedo volver a Siria. Yo espero volver, vivir allí es mucho mejor que quedarse aquí”, asegura.

ACNUR ha instado a mejorar los campos de cara al invierno, pero de momento, no ha habido ningún avance. “No hay espacio, son tiendas”, dice Mina. Son campos, algunos improvisados, con muy pocos servicios, baños insuficientes para todos y malas condiciones higiénicas. Hay colas para todo, para coger agua, para ir al baño… La comida no es comestible, aseguran, “sólo les dan patatas cocidas y macarrones todos los días. Mucha gente sólo está comiendo agua y pan”.

Algo similar ocurre en el campo de refugiados instalado en el antiguo aeropuerto de Ellinikón. El partido conservador griego Nueva Democracia ha criticado al Gobierno por las condiciones que "amenazan la salud pública" en ese campo, donde todavía hay 910 personas. "El sótano del antiguo aeropuerto se ha convertido en un lago de aguas sucias y residuales", por lo que la situación es cada vez peor.

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