Miércoles, 12 de Agosto de 2020

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Las cuatro caras del mal (Malo 1)

El romántico vengador deforme

Fotograma de 'El abominable Dr. Phibes' (Robert Fuest, 1971), con Vincent Price.

Fotograma de 'El abominable Dr. Phibes' (Robert Fuest, 1971), con Vincent Price. / MGM

El escritor, ensayista y crítico cinematográfico Jesús Palacios, especializado en el lado oscuro, nos presenta a lo largo del mes de septiembre una serie especial con la que estableceremos una tipología básica de grandes villanos de la historia del cine y de la literatura, que sirve de ilustrativa guía a los que quieran saber más del género fantástico y de terror. Dejemos que nos lo explique él mismo.

Las cuatro caras del mal (I): El romántico vengador deforme

"Es el prototipo del villano romántico y gótico, teñido de patetismo, que pese a su monstruosidad física y psicológica –o gracias a ella– es capaz de despertar las simpatías del lector o espectador. Habitualmente es víctima de una injusticia social o personal: la traición de su amada, de un amigo o de un socio, que le llevan a la ruina económica y también psicológica.

Viene acompañada de algún desgraciado accidente o atentado criminal que le convierten en una criatura deforme, sufriendo generalmente la mutilación o deformación de su rostro, que cubrirá con una enigmática máscara –en forma de antifaz, careta de carnaval, capuchón de monje o sombrero de ala ancha– o bien con una imitación realista de una cara. Suele estar confeccionada con cera e incluso con algún material ‘fantacientífico’ de su propia invención, dado que no es raro que se trate de un artista o científico cuyos descubrimientos y talentos son motivo de la traición que sufre.

Dado por muerto o desaparecido, retornará con una nueva personalidad o bajo las trazas de un espectro para tomar venganza no sólo en quienes fueran culpables de su tragedia, sino en todos aquellos que le recuerdan su condición de monstruo. Su final suele ser también romántico y patético, cediendo a la pasión que sintió por el ser querido que le traicionara –encarnado en algún nuevo personaje–, agotado y arrepentido de su condición de monstruo criminal y a veces en busca de la redención final. Personajes más destacados:

Erik, el fantasma de la ópera, creado por el novelista Gastón Leroux y convertido en mito de la pantalla y el musical moderno. Pese a las incontables versiones cinematográficas, todas romantizadas y suavizadas en comparación con la novela original, ninguna superior a la de Rupert Julian de 1925, con Lon Chaney en el papel del fantasma. Lamentablemente hoy es más conocido por el musical que por la novela o las películas clásicas.

Ivan Igor, el escultor de figuras de cera de Los crímenes del museo (Mystery of the Wax Museum, 1933), de Michael Curtiz, interpretado por Lionel Atwill. Le sigue el Profesor Henry Jarrod de Los crímenes del museo de cera (House of Wax, 1953), remake de André De Toth interpretado por Vincent Price, quien da así comienzo a su larga carrera especializada en este tipo de villanos. En sus propias palabras: «No son monstruos, sino hombres traicionados por el destino y en busca de venganza».

Marek Toleslawski, más conocido como Mr. Sardonicus y el Barón Sardonicus, interpretado por Guy Rolfe en el filme de William Castle de 1961 titulado El barón Sardonicus (Mr. Sardonicus), basado en la novela de Ray Russell y cuyo rostro está petrificado en una mueca sardónica tras haber visto la faz deforme de su padre fallecido cuando buscaba un billete de lotería premiado en el bolsillo del cadáver, persuadido por su avariciosa esposa.

El Dr. Anton Phibes, protagonista de El abominable Dr. Phibes (1971) y El retorno del Dr. Phibes (1972), de Robert Fuest, quien se venga imaginativa y cruelmente de los médicos que dejaron morir a su esposa, a la que conserva embalsamada en su laboratorio. Oculta su rostro destruido bajo el de Vincent Price de nuevo. Su nombre y la afición a tocar el órgano y coleccionar autómatas son un homenaje a Anton LaVey, fundador de la Iglesia de Satán, pensador moderno y amigo del director.

Winslow Leach, el ingenuo compositor víctima del diabólico productor musical Swan –Paul Williams–, que se convierte involuntariamente en la versión rock del fantasma de la ópera en la obra maestra de Brian De Palma El Fantasma del Paraíso (1974), musical de horror glam por excelencia que mezcla los mitos del fantasma y de los personajes de Fausto y Dorian Gray. Se dice que Swan se inspiró directamente en la personalidad megalómana del gran productor musical Phil Spector.

Peyton Westlake, es decir, Darkman, interpretado por Liam Neeson en el filme homónimo de Sam Raimi de 1990, es un brillante y también ingenuo científico traicionado y quemado vivo que vuelve de la muerte oculto bajo los rostros falsos que se fabrica él mismo para vengarse de sus asesinos. Es el paso inevitable del personaje de villano a superhéroe, aunque sea uno oscuro, deforme y trágico".

Jesús Palacios.

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