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Viernes, 18 de Octubre de 2019

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Un arma accesible y efectiva

Violar es un arma barata, accesible y muy destructiva. Se usa en las guerras, pero no solo en ellas

Según organismos de Naciones Unidas, cerca de doscientas mil mujeres fueron violadas durante los tres meses de guerra civil y genocidio en Ruanda en 1994; 40.000, en la guerra civil de Sierra Leona; 50.000, en Liberia; más de 60.000 en Yugoslavia; otras 200.000, en la República Democrática de Congo, donde siguen produciéndose torturas sexuales de manera masiva. La comunidad internacional no se planteó siquiera que la violación debía ser reconocida y castigada como un crimen de guerra hasta que se empezó a conocer el alcance de lo ocurrido en Yugoslavia, un país europeo.

Solo entonces el Consejo de Seguridad de la ONU anunció que se abordaría la cuestión y todavía tardó casi dos años en incluir la violación como crimen de lesa humanidad en la lista de delitos perseguidos internacionalmente. Hasta 2007 no se aprobó una llamada Iniciativa de Naciones Unidas contra la violencia sexual en conflictos armados y por primera vez en 2012 se publicó un informe de la ONU que cita por su nombre a algunas de las fuerzas armadas y milicias que son conocidas como los peores transgresores.

Violar es un arma barata, accesible y muy destructiva. Se usa en las guerras, pero no solo en ellas. Solo en la ciudad de Nueva Delhi se reportan más de dos mil violaciones de niñas pequeñas al año. De los 11.000 delitos contra mujeres denunciados ante la policía de esa ciudad en 2014, solo nueve llegaron a los tribunales. Que se sepa el primer ministro indio no se ha mostrado avergonzado. Quizás dentro de algunas décadas el Consejo de Seguridad de la ONU diga algo al respecto.

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