Martes, 26 de Enero de 2021

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Bailando con Stanley Donen

Donen tiene en la actualidad 92 años y es uno de los escasos directores del Hollywood clásico que siguen vivos. Las palabras que rescatamos hoy las pronunció en el año 1989 cuando nos visitó en el Festival de Valladolid.

Bailando con Stanley Donen

S.D.

Cuando Stanley Donen visitó Valladolid en octubre de 1989 tenía 65 años. Su currículo como director era apabullante. Títulos como “Un día en Nueva York” y “Cantando bajo la lluvia”, realizadas junto a Gene Kelly, o “Siete novias para siete hermanos” estaban considerados clásicos indiscutibles, no ya del género musical, sino de toda la Historia del cine. Además, había llevado a las pantallas comedias llenas de ironía y amargura como “Charada” o “Dos en la carretera”. Sin embargo, su última película, “Lío en Río”, con Michael Caine, había sido un fracaso y nadie de la industria confiaba en él. Hollywood le había dado la espalda.

Ante los periodistas mostró toda su amargura y decepción por su situación. “Yo creía firmemente que lo que estaba haciendo era lograr que la gente fuera al cine y se olvidara de su vida real durante un par de horas. Durante un tiempo pensé que debía hacer algo más que eso. Ahora, sin embargo, soy tan pesimista con respecto al futuro del planeta que me encantaría que alguien hiciera eso mismo por mí”, explicó.

La vida de Stanley Donen cambió para siempre cuando tenía 9 años. Un día entró en un cine y allí vio a Fred Astaire en “Volando hacia Río de Janeiro”. La película le gustó tanto que decidió convertirse en bailarín. A los 17 ya estaba contratado en Broadway como miembro del cuerpo de baile del musical “Pal Joey”. Allí se hizo amigo de Gene Kelly y cuando éste fue contratado en Hollywood, Donen le siguió inmediatamente.

Trabajó a las órdenes del gran Arthur Freed, el productor que sentó las bases de los grandes musicales de la Metro. “No es que me ayudara a mejorar en mi carrera es que la tengo gracias a él ya que pude ser coreógrafo y director de cine. Le estoy muy agradecido. Además, siempre quiso hacer películas musicales originales y diferentes”, recordó en la capital castellana.

Por supuesto, habló también de su actriz favorita, Audrey Hepburn, a la que dirigió en tres ocasiones: “Una cara con Ángel”, “Charada” y “Dos en la carretera”. “Sinceramente, si no hubiera contado con ella, no las habría hecho”, reconoció.

Cuando le entregaron la “Espiga de Oro” como homenaje a toda su carrera, Stanley Donen dio unos pequeños pasos de baile en el escenario del Teatro Calderón, algo que repetiría años después cuando le concedieron un Oscar honorífico. Y así le imaginamos todavía en su casa de Los Ángeles, a sus 92 años, cantando y danzando con la imaginación por las calles y rascacielos de Nueva York; bajo una fina lluvia de California; por las paredes y techos de un hotel londinense, como hacía Fred Astaire en “Bodas Reales”, o a las puertas de un granero, intentando seducir con vigorosos movimientos y saltos a alguna de aquellas siete novias.

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