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Miércoles, 20 de Noviembre de 2019

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Adueñarse de la vida

Un cadáver aparece en una vía ferroviaria. Las autoridades del lugar abordan el caso más brutal al que han tenido que enfrentarse. El motivo del crimen parece obvio, pero cerrar el caso no será fácil.

Raíles de tren /

Tras la historia de ‘el depredador de Castellón’ y ‘el asesino del parking’, la periodista Neus Sala nos presenta otro sobrecogedor caso real sucedido en Cataluña hace 18 años.

Contamos con las voces de: Fernando Icerra, Antonio Lobato, Ester Díaz, Carlos Pérez, Nacho Gijón, Juan José Ruiz y José Antonio Páramo. Guión de dramas: Sergi Moral y Mona León Siminiani.

Lunes, 15 de febrero de 1999, ocho de la mañana. Vía ferroviaria en las afueras de Cervera, pasada la estación, en la provincia de Lleida. Parece que hay un bulto en medio de la vía del tren. Es una persona tumbada. Se acerca un tren. Los maquinistas hacen las pertinentes señales acústicas pero no reacciona, con lo cual frenan apresuradamente, sin poder evitar arrollarlo.

Cuando inspeccionan los bajos del convoy, localizan el cadáver de una mujer. Pero no han pasado por encima, estaba colocado entre los raíles y ni lo han rozado. Además, el cuerpo está desnudo y destrozado brutalmente de cintura para abajo. No es un suicidio; es un asesinato.

Marina Ruiz García, de 23 años, había sido asesinada antes y luego su cuerpo fue abandonado en las vías. Varias de sus prendas se encontraron en los alrededores.

La autopsia dictaminó que la golpearon fuertemente en la cabeza. Mientras agonizaba, el agresor la desnudó y la violó vaginal y analmente con una barra antirrobo de coche hasta desgarrarla.

Marina salió de su casa aquella mañana antes de las seis de la mañana, hora del comienzo de su jornada, para dirigirse a su lugar de trabajo, una fábrica textil de Benetton situada en el polígono industrial de la localidad.

Le habían cambiado el turno y no pudo usar el vehículo de ninguna compañera. Tuvo que recorrer a pie un camino solitario y con escasa iluminación de unos dos kilómetros.

Era la primera vez que iba sola. Recientemente había tenido problemas con un chico y tenía intención de casarse en un mes con su pareja, con la que llevaba varios años.

El funeral de la víctima se ofició al día siguiente en Cervera. El crimen causó una gran conmoción. Sus amigos, los familiares y su pareja sentimental llevaron a cabo varios homenajes de los cuales se hicieron eco los medios.

La investigación de los Mossos d'Esquadra se focalizó primeramente en el entorno social y familiar de la víctima. Concluyeron que la motivación del asesinato había sido eminentemente sexual y no tardaron en determinar a quién consideraban el principal sospechoso.

Encontrar las pruebas suficientes para incriminarlo no fue tarea fácil, llevó nueve meses de trabajo, pero hubo un factor decisivo que cambió por completo en rumbo de la investigación.

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