Lunes, 17 de Enero de 2022

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¿Qué perdemos cada vez que un juez veta una opinión?

Irene Lozano reflexiona sobre la tolerancia y si es conveniente retirar de la esfera pública una opinión por muy indigna que nos parezca

Imagen del autobús Hazte Oir con el lema "Los niños tienen pene. Las niñas tienen vulva. Que no te engañen. Si naces hombre, eres hombre. Si eres mujer seguirá siéndolo"

Imagen del autobús Hazte Oir con el lema "Los niños tienen pene. Las niñas tienen vulva. Que no te engañen. Si naces hombre, eres hombre. Si eres mujer seguirá siéndolo" / Pablo Blazquez Dominguez (Getty Images)

Vivimos tiempos complicados en el que opiniones que hasta no hace mucho parecían olvidadas y lejos del debate público salen con fuerza en la calle. Opinones xenófobas, homófobas, misóginas, fascistas... que se expresan como tal, sin mesura Pero, ¿cómo deben responder los ciudadanos a estos ataques a la convivencia? ¿Ganamos con ponerlo todo en manos de un juez o cada vez que un juez retira una opinión podemos perder todos?

La última semana hemos viviso dos episodios. El pasado jueves 2 de marzo un eurodiputado polaco declaró que las mujeres debían cobrar menos en su trabajo porque eran "más débiles" y "menos inteligentes" que los hombres. Las declaraciones del político llegaron a todos los medios de comunicación y a las redes sociales, creandose corrientes en contra del eurodiputado y defendiendo los derechos de las mujeres. Además desde hace más de una semana Hazte Oír viaja por España con un autobús con el lema "Los niños tienen pene. Las niñas tienen vulva. Que no te engañen. Si naces hombre, eres hombre. Si eres mujer seguirá siéndolo". Esta noticia y la decisión de un Juzgado de Madrid de prohibir circular al autobús tránsfobo se han convertido en el debate sobre la tolerancia.

"La mejor respuesta para que se fortalezca la democracia es contestar a las malas ideas con buenas ideas" a explicado la periodista y filosofa Irene Lozano. Lo importante es "el músculo de la tolerancia" porque está ligado a la democracia ha subrayado Lozano. Requiere entrenamiento, son opiniones "con las que me siento molesta" y precisamente la tolerancia es el instinto que nos obliga a desenmascarar esas ideas "si nos limitamos a poner las custiones en un juez, nos olvidamos de los motivos". "Es bueno que revisemos por qué defendemos las ideas que tenemos" y para ello Lozano recurre a Karl Popper que decía que 'debo enseñarme a mí mismo a desconfiar de sentiemiento o conocimiento intuitivo de que soy yo quien tiene razón'. El filósofo defendía la idea de que se debe 'recelar de uno mismo' para que no engañárse y no convertírse en un 'fanático intolerante'. Los estudios del psicólogo Daniel Kahneman sobre el cerebro y sus experimentos sobre los expertos vienen a ratificar esta intuición de Popper: los expertos se equivocan cuanto más seguro están de sus juicios.

En la historia ha habido ideas que en un momento resultaron ser malas y repugnantes, y con el tiempo han resultado ser buenas. Vayamos a un ejemplo muy cotidiano y banal. Para mucha gente, no hace tanto, resultaba ofensivo que las mujeres usaran bikini, hoy hemos descubierto que liberar nuestra vestimenta significa un gran avance en términos de liberación política y personal. Explorar todas las ideas, explica Lozano, significa que algunas no nos gustarán, incluso nos repugnarán, pero estamos dispuestos a pagar ese precio a cambio del progreso social.

Al principio de la era contemporánea de la democracia fue muy difícil establecer la libertad de prensa, el derecho a la libertad de expresión y eliminar la censura previa. John Stuart Mill, el filósofo utilitarista ingles, distinguía perfectamente entre dos tipos distintos de censura. Por un lado, la ejercida por el estado con todo su aparato represivo y con carácter previo. Esta censura no existe hoy en nuestro país ni en nuestro entorno, pero Mill hablaba también de otra censura, la ejercida por la presión social. Él pensaba que no es a la sociedad a la que hay que proteger de las opiniones del individuo que se aparta de la norma, sino que hay que proteder los derechos de ese individuo frente "a la tiranía del magistrado y frente a la tiranía de la opinión y el sentimiento dominantes". Se refería a esa tendencia, general en toda sociedad, a imponer normas homogéneas, especialmente las ideas hegemónicas.

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