Una rebelde punk en el corazón de la América de Trump
Bloodshot Records reedita 'Sidelong', el disco de Sarah Shook and The Disarmers. Una joven de actitud punk y rebelde en un género, el country, tremendamente conservador

Sarah Shook and The Disarmers en una fotografía promocional / POPROCKPHOTOGRAPHY

Madrid
Sarah Shook tenía todas las papeletas para ser una mujer muy diferente de la que ha terminado siendo, una mosca cojonera en el corazón de la América blanca que ha llevado a Donald Trump a la Casa Blanca. Su camino apuntaba en otra dirección.
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Nacida en una familia cristiana fundamentalista, Sarah se educó en casa conforme a los valores de unos padres que no permitían que en su hogar sonase música profana. Intentaron que aprendiese piano y violín, pero a la chica le llamaban otras cosas, cosas prohibidas como los Sex Pistols o el punk. Durante su niñez se mudó constantemente huyendo de la pobreza, su padre era autónomo y la madre cuidaba de Sarah y sus dos hermanas. A los 20 años, la chica apenas conocía el mundo y nunca había ido a la escuela. Totalmente distanciada de su familia, buscó un novio por Internet y dos semanas después de encontrarlo se casó con él huyendo de casa buscando el mundo, buscándose a sí misma. En esa época, la cantante aprendió a tocar la guitarra pero un par meses después de dejar su hogar se quedó embarazada.
Desde aquel día han pasado diez años y Sarah y su hijo viven en una caravana en medio del bosque en un pueblo de Carolina del Norte, donde Sarah comenzó haciéndose un hueco con distintas bandas que compaginaba mientras trabajaba de camarera en The Cave, una sala de conciertos que es como su segunda casa. Durante este tiempo su vida ha cambiado, se divorció un año después de casarse y poco después redescubrió su sexualidad convirtiéndose en una activista LGTB.
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En 2015, Sarah Shook editó Sidelong, un disco que apenas contó con distribución local. Pero aquel disco tenía fuerza, rabia, carisma y una buena colección de canciones que llamó la atención de los medios y de Bloodshot Records. El sello de Chicago se interesó por la música de Shook. Querían relanzar el álbum en todo el mundo y darle la oportunidad de ser una cantante profesional.
Aquella llamada agitó el mundo entero de Sarah. Con 32 años, la cantante se encontró con la oportunidad de su vida, con la posibilidad de hacer de la música su oficio, de dejar el trabajo de camarera y de viajar por el mundo defendiendo unas canciones que ya tienen años, pero que son el retrato de su mundo, de su rabia, de su compromiso y valores. Pero la oferta de Bloodshot, un sello en ese cruce de caminos entre el punk, el rock y el country, tenía una condición. Sarah tendría que dar un paso al frente, abandonar su caravana y pasar 150 noches al año fuera de casa y lejos de su hijo. Shook condicionó su decisión al pequeño. “Mi hijo fue el primero con el que lo hablé”, señaló en una entrevista. “Le dije que si no le parecía bien, si creía que no iba a poder apañarse sin mí, no lo iba a hacer. Me dijo que adelante, que cuanto más grande fuese más grande sería la plataforma en la que poder promover el cambio, es un gran chico”, contó Shook en The Fader.

Sarah Shook en una fotografía promocional / Adam Hajnos

Sarah Shook en una fotografía promocional / Adam Hajnos
Sarah entró a formar parte del sello de Chicago, el hogar de Jon Langford, Antonio Escovedo o jóvenes como Nikki Lane o Lydia Loveless, todos ellos músicos con carisma y pulsión punk. Pero Shook va más allá, el punk es parte de su manera de entender la vida más que una corriente musical y las historias de sus canciones trascienden el lenguaje, en algunos casos salvaje, para convertirse en una herramienta, en un arma contra el mundo machista, contra el mundo homófono y cruel con las minorías. Shook es una rebelde en el corazón de la América de Trump, en ese country tan conservador que esta joven diferente desafía con sus canciones y cada noche sobre las tablas. “Creo que la verdad tiene que llegar a la gente y para mí es importante tener una audiencia diversa. Este género musical atrae a cierto tipo de personas que muchas veces tiene una mentalidad muy cerrada y yo quiero decirles, ¡Mirad!, sois bienvenidos, pero os doy toda la información: soy una jodida activista por los derechos civiles, soy bisexual, atea y vegana”, explicó la cantante en Rolling Stone.
Ahora, el disco de Sarah Shook asalta el mundo y le abre las puertas de América y de Europa. Su presentación son canciones poderosas como ‘The nail’ y ‘Heal me’ o la atrevida ‘Nothing feels right but doing wrong’. Así comienza una nueva etapa en la agitada vida de esta mujer que ha vivido mucho en la última década y que ahora, con el permiso de su hijo, sale a por todas a comerse el mundo. Su historia está llena de baches, de golpes, de historias que se plasman en unas canciones inmensas, porque detrás de todo esto, de tanto desastre, de la pobreza, la discriminación y la temprana maternidad se esconde una artista de voz poderosa y melancólica, de pluma afilada y con ganas de enfrentarse al mundo. Una chica que a los 32 años vive un sueño musical que parecía imposible cuando estaba encerrada en la casa de sus padres. Ahora presume de banda, de canciones y de disco y se prepara para una nueva entrega (llegará en 2018), un nuevo episodio en la peculiar historia de esta mujer valiente y repleta de talento que canta cada nota como si la vida o la libertad le fuesen en ello.




