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Domingo, 22 de Septiembre de 2019

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"La Modelo era una cárcel de castigo. Los funcionarios eran malos porque querían serlo"

Daniel Rojo, expresidiario, y César Álvarez, funcionario, comparten sus vivencias en la prisión de Barcelona que cerrará mañana

Fachada de la Modelo. /

Esta noche dormirán los últimos veinte reclusos en la cárcel Modelo de Barcelona antes de cierren definitivamente sus puertas. Se trata de la segunda prisión más antigua de España, acumula 113 años de historia y se creó para ser un ejemplo de centro penitenciario. En ella ha permanecido en diferentes épocas, el expresidiario Daniel Rojo Bonilla (Barcelona, 1962), quien ha relatado en Hoy por hoy con Gemma Nierga algunas de sus impactantes vivencias.

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Dani 'el Rojo', tal y como se le conocía, aterrizó por primera vez en la Modelo a los 19 años. Hasta entonces se había dedicado a regentar negocios como discotecas y casinos y vivía con todo tipo de lujos. Durante sus 35 años de actividad delictiva llegó a atracar alrededor de 150 bancos adueñándose de más de 10.000 millones de pesetas. "Yo no veía el lado marginal de la delincuencia", manifestaba el expresidiario. Tuvo que entrar a la prisión para darse cuenta de que él era semejante: "Si estos son tan marginales, yo soy igual que ellos. Esa fue mi gran hostia", decía con crudeza.

La Modelo fue una prisión que durante muchos años estuvo saturada de presos. Durante 40 años, decía Rojo, llegaron a contarse 29.000 persona, cuando tenía una capacidad para 2.900 reclusos. El ambiente que dominaba sus celdas era muy severo: "Era una cárcel de castigo. Los funcionarios eran malos porque querían serlo", describía.

Daniel Rojo Bonilla, alias Dani el Rojo, en 'Hoy por hoy' con Gemma Nierga. / Instagram

Durante sus 113 años de actividad registró todo tipo de protestas que procedían mayoritariamente de los presos. Se hacían motines y huelgas de hambre para que se cambiara el régimen de crudeza. Rojo describía uno de los motines en los que participó 'El Vaquilla'. Él cargó con la iniciativa porque era protegido (colaboraba con los funcionarios), por lo que gozaba mala fama entre sus compañeros. "El Vaquilla no era nadie", decía con respeto. "Se amotinaron por un gramo de heroína", añadía.

Era distinto, por ejemplo cuando ingresaban hombres que tenían cargos por violencia de género. "Todos pensábamos que la víctima podía ser nuestra madre o nuestra hermana", decía, por lo que los reclusos les despreciaban. "Les collejeábamos o les robábamos", explicaba.

Una de las reivindicaciones más llamativas que tiñó de sangre algunas de las paredes de la prisión, fue el día en el que 200 presos, frente a las garitas de los funcionarios, cortaban las venas de otros 200 presos. "Se cortaban los pringaos", apuntaba. Él formó parte de los escasos 100 presos que no quisieron participar y desde entonces fue auxiliar de los tres médicos que había en la prisión.

En el otro bando estaban los funcionarios que también tuvieron sus disputas y sus motines. César Álvarez fue trabajador en la Modelo durante un tiempo y ahora ejerce en el Centro Penitenciario de Valdemoro. Álvarez ha descrito la inestabilidad del ambiente, propiciada por la conciencia común de que los presos estaban ahí de forma injusta.

Rojo y Álvarez se llegaron a cruzar en alguna ocasión porque los funcionarios controlaban todo el recinto. En su primer día de guardia, Álvarez recibió una bofetada de un preso y después de ese incidente otro funcionario más veterano le dio un buen consejo: "Si te dejas vencer por el miedo, estás vencido", reproducía.

A pesar de ser una cárcel muy preparada, fue una en las que más se hablaba de fuga. "Estaba llena de agujeros", decía Rojo para describirla y se hizo efectiva en un par de ocasiones. Ahora, a escasas horas de que se proceda a su cierre, Rojo manifiesta que ha estado muy involucrado en el cierre aunque piensa que quizá se haya hecho demasiado rápido.

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