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Jueves, 24 de Octubre de 2019

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Color judicial

Josep Ramoneda reflexiona sobre la relación entre la justicia y la política en nuestro país y en Polonia

Un día más la actualidad del país tiene color judicial, dónde la justicia se roza con la política y con los dineros. Repasemos titulares: Villar padre e hijo en prisión incondicional, es decir, fútbol, corrupción y desidia política. La Guardia Civil entrando en la Generalitat y el parlamento catalán en busca de documentación sobre Germà Gordó y el 3 por ciento: la promiscuidad entre política y dinero en la Cataluña presoberanista irrumpiendo en plena crisis por el 1 de octubre. La Comisión de Interior que investigaba el periodo Fernández Díaz declara probado, con el voto en contra del PP, que la policía patriótica persiguió a los adversarios políticos, aunque sorprendentemente solo Podemos y Esquerra ven razones para llevarlo a los Tribunales. Y mañana más.

Ahora sí, después de muchos años de tolerar los desmanes autoritarios de los gobiernos de Polonia y Hungría, la Unión Europea levanta la voz. Ante una ley que consagra la sumisión del poder judicial al poder ejecutivo, la Comisión Europea ha lanzando una advertencia al gobierno polaco. Pero como de esperar después de tantos años de permisividad, ni caso: el parlamento de Polonia ha aprobado la nueva ley del Tribunal Supremo, colocando la justicia al servicio del gobierno. Impunidad es la figura. ¿Qué hará Europa? ¿Abrirá por fin un expediente a Polonia? Me temo que como siempre no hará nada. Y así el autoritarismo posdemocrático va contaminando el continente.

¿Saldrá Macron reforzado o debilitado del incidente que ha provocado la dimisión del Jefe del Estado Mayor del ejército francés? ¿La manera burda y humillante –yo soy vuestro jefe- con que censuró públicamente al general de Villiers es una prueba de autoridad o de debilidad? Mal asunto cuando alguien tiene que recordar quién manda. Es un desliz de autoritarismo juvenil, ha dicho el general Desportes. Hoy mismo Macron ha prometido a los militares que en el presupuesto de Defensa será el único que subirá en 2018. O sea, Villiers gana una vez depuesto. La obsesión por teatralizar la autoridad empieza a ser el punto débil de Macron. La autoridad se tiene, no se exhibe.

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