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Martes, 25 de Febrero de 2020

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¿Hasta dónde conoce un hijo a su padre?

Espido Freire reflexiona sobre si la forma de entender las relaciones entre padres e hijos ha cambiado mucho en los últimos años

De un iceberg se ve todo menos la vergüenza. Sobre la superficie del nivel del agua es complaciente y, a veces, de pleno derecho admirar a alguien, pero por debajo nadie conoce a nadie.

Un ejemplo: La escena de la charla -en la película Big Fish- entre padre e hijo. Will Bloom (Billy Crudup) no termina de conocer a su progenitor, Ed Bloom (Albert Finney), quien sigue siendo un misterio para él. “Lo fascinante de los icebergs es que solo ves el diez por ciento, el otro noventa por ciento está bajo el agua y no lo ves. Y… contigo es lo mismo, papá; solo veo un trocito que sobresale por encima del agua”. El padre, sin perder demasiado la serenidad, le responde con una pregunta: “¿Solo me ves hasta la altura de la nariz, hasta la barbilla…?”. Pero no hay respuesta salvo para concluir que nunca, un hijo, sabrá quién es su padre.

Espido Freire, sobre esta cuestión, cuenta que hay varios libros que han tratado este tema en los últimos años, destronando la imagen del padre enemigo (Carta al padre, de Kafka) o del padre ideal, del patriarca intachable. La escritora y Macarena Berlín hablan en Hoy por hoy, entre otras cosas, de si los libros que reflejan a los padres de forma distinta ayudan a “perdonarles” un poco esta imperfección. "Al menos a entenderlos algo mejor", añade Espido Freire para enumerar algunos ejemplos: Dónde vais a encontrar un padre como el mío, de Rossana Campo; Fairyland, de Alysia Abbott; Tú eres como las otras madres, de Angelika Schrobsdorff; También esto pasará, de Milena Tusquets; La isla del padre, de Fernando Marías... o, dentro de la maternidad, No madres, de María Fernández Miranda: La historia de una mujer con un matrimonio feliz, un buen trabajo, una vida plena... hasta que cumplidos los treinta las preguntas sobre su no maternidad se vuelven constantes.

Esta tendencia también se puede ver en el cine: Verano 1993, de Carla Simón, o Boyhood, de Richard Linklater, se alejan de los clásicos que muestran padres o madres peculiares: desde Atticus, el adorable padre de Matar a un ruiseñor, al padre alcohólico pero humano de Las cenizas de Ángela, pasando por el padre terminal de Biutiful... Y en cuanto a padres volcados con sus hijos están: La vida es bella, de Roberto Benigni; Buscando a Nemo, de Andrew Stanton; En busca de la felicidad, de Gabriele Muccino; Camino a la perdición, de Sam Mendes; En el nombre del padre, de Jim Sheridan; The road, de John Hillcoat... o la propia Big Fish, de Tim Burton, y la forma de mostrarse al mundo que tiene el padre y confunde por completo a su hijo.

 


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