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Sábado, 24 de Agosto de 2019

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Prohibido prohibir canciones

Cada vez más ayuntamientos se suman a la moda de prohibir canciones en las fiestas patronales. Canciones en su mayoría machistas, canciones, en su mayoría, terribles, pero canciones al fin y al cabo

La mala costumbre de prohibir canciones nos remite a tiempos aciagos en los que las autoridades competentes decidían por nosotros qué era digno de ser escuchado, visto o bailado. Algo que vale para cuadros, libros, películas o canciones. Disciplinas artísticas, al margen de la calidad de las obras. Prohibir siempre es más sencillo que educar, que dedicar tiempo a explicar, a destripar los contenidos para enseñar los motivos por los que una obra es apropiada o no. Relevante o malintencionada.

Que un concejal, un alcalde o un ministro decida por nosotros qué es óptimo o no de ser representado en público resulta siniestro. La lista de obras censuradas, por distintos motivos, es extensa. No hace mucho se pidió retirar el visionado de ‘Lo que el viento se llevó’ en un cine de Memphis por ensalzar la esclavitud. Visto en la distancia, resulta terrorífico. Las canciones de Maluma, un habitual de estas listas censoras, son tan mala influencia para los chavales como cualquier programa de Telecinco y no es peor que comprar una tableta a un adolescente y dejarle horas encerrado con ella en su cuarto. A lo largo de la historia se ha intentado censurar todo tipo de manifestaciones artísticas por todo tipo de motivos y siempre alegando fines educativos. Pero educar, en todas sus connotaciones, no es prohibir. Nunca.

En los últimos cincuenta años, los guardianes de la moral han tenido a bien prohibir canciones que hablaban de política, aunque el sexo ha sido el principal objetivo de estas mentes pensantes. Desde Elvis a Rihanna pasando por los Rolling Stones, Prince o los Doors, pocos grupos se han salvado de la censura en distintos países y por distintos censores. Ahora no solamente se prohíben canciones actuales, sino que se revisa el pasado para vetar canciones editadas hace veinte o treinta años, ignorando por completo el contexto social en el que fueron creadas. El machismo mata, es peligroso y necesita ser frenado y erradicado, pero el camino no es prohibir canciones, ni libros ni nada. Tampoco atacar a los artistas. El camino, como siempre, es la educación, pero lleva más tiempo. Los padres no deben permitir que ninguna autoridad pública decida lo que deben escuchar sus hijos, esa es su responsabilidad, una que no se puede delegar.

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