Sábado, 15 de Mayo de 2021

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El Faro de Patiño

La insatisfacción no es buena consejera

El malestar en Cataluña y Escocia y el ascenso de la extrema derecha en Alemania son síntomas de la indefension que la globalización ha provocado en las sociedades occidentales

Protest against the Alternative for Germany (AfD) party where AfD holds their election event in Berlin, Germany, 24 September 2017. According to federal election commissioner more than 61 million people are eligible to vote in the elections for a new federal parliament, the Bundestag, in Germany.

Protest against the Alternative for Germany (AfD) party where AfD holds their election event in Berlin, Germany, 24 September 2017. According to federal election commissioner more than 61 million people are eligible to vote in the elections for a new federal parliament, the Bundestag, in Germany. / FOCKE STRANGMANN (EFE)

Este farero anda un poco consternado. Esta semana, uno de los comentaristas del Washington Post enviaba un análisis en el que ponía en el mismo plano los referendos de Cataluña y del Kurdistán. Isaan Thardor se refería a que ambos procesos avanzaban hacia el punto de no retorno frente a la oposición de los respectivos gobiernos nacionales, pero su comentario deja una cierta amargura porque comparaba un estado democrático como el español, plenamente integrado en Europa, con otro, el irakí, heredero de la inestabilidad que dejó la Guerra de Irak, desangrado por su combate contra el Estado Islámico y desestabilizado por las tensiones internas entre chiís, sunís y kurdos.

En una entrevista en El País, el historiador Richard J. Evans reflexionaba sobre como la globalización ha creado la sensación en la ciudadanía de que no se la tiene en cuenta en la toma de decisiones, lo que ha conducido a la insatisfacción y revueltas generalizadas. Lo vemos no sólo en Cataluña o en Escocia, también en Alemania con el asceso de un partido ultra y contestatario como Alternativa para Alemania o en Nueva Zelanda con la posibilidad de que los laboristas acaben pactando con un partido populista y conservador -New Zeland first- para llegar al gobierno.

Esta excitación social lleva, a veces, a tomar decisiones poco acertadas. El brexit es un ejemplo de que dejar una estructura institucional no es fácil, sale más caro de lo que se había pregonado y, al final, deja a las sociedades aún más indefensas, más sólas, frente a una globalización en la que juegan grandes estados como China y Estados Unidos.

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