La política, a rebufo de la justicia
Cuando la política acaba en manos de la justicia, toda la vida pública se pone a rebufo de un poder del estado que tiene su propia lógica, su ritmo y a veces sus propias contradicciones

Carles Puigdemont está ya en libertad provisional por orden del juez de Bélgica que le tomó declaración ayer junto a los otros cuatro ex-consejeros que le acompañan en Bruselas. A medianoche, el juez decidió sobre los cinco dejarlos en libertad con medidas cautelares: no podrán abandonar Bélgica y deberán tener un domicilio fijo. En 15 días, la justicia belga deberá decidir si los entrega a España o no y en cualquier caso a partir de esa decisión se abre un período de alegaciones y trámites que puede durar hasta 90 días.
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No les prohíbe hablar con los medios ni hacer actividades públicas, por lo que Puigdemont podrá hacer campaña para las elecciones del 21 de diciembre y encabezar como pretede su partido la candidatura del PDCAT.
Cuando la política acaba en manos de la justicia, toda la vida pública se pone a rebufo de un poder del estado, aquí y allí, que tiene su propia lógica, su ritmo y a veces sus propias contradicciones.




