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Jueves, 14 de Noviembre de 2019

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La protesta de Murcia que no cesa

Los vecinos de los barrios del sur de la ciudad siguen manifestándose a pesar del comienzo de las obras de soterramiento del AVE y a pesar de que las autoridades aseguran de que el proyecto esta vez sí se llevará a cabo

Este miércoles era el día. El día que las autoridades han marcado en rojo como el comienzo de las obras de lo que tendrá que ser el soterramiento del AVE y de las vías de ferrocarril de Murcia. No fue un corte de cinta al uso. Los vecinos, que llevan décadas pidiendo el soterramiento, siguen protestando. Anoche, y llevan ya 65 días seguidos, volvieron a manifestarse junto a las vías del tren. Y lo seguirán haciendo porque la foto del comienzo de las obras no es la que ellos quieren. De esta imagen hay muchas cosas que a los vecinos no les encajan a pesar de las explicaciones técnicas y políticas porque en todas ellas hay una palabra que se repite a menudo: provisional. Los vecinos de los barrios del sur de Murcia –Santiago el Mayor, Pio X, Barriomar… – no se fían de lo provisional. Es una desconfianza que tiene sus razones porque, como saben todos en Murcia, la misma estación que inauguró la Reina Isabel II tenía que ser provisional y allí sigue 150 años después.

Ana es una vecina que ha estado en todas las protestas. Tiene esclerosis múltiple y va en silla de ruedas cruzando a diario el paso a nivel de Santiago el Mayor, que es el punto donde todas las noches se concentran los vecinos. Es un paso peatonal bastante peligroso que bien ejemplifica la cicatriz que las vías del ferrocarril suponen para la ciudad. Un punto por donde pasan miles de personas para ir del sur al centro de la ciudad; para ir, por ejemplo, al instituto, al colegio y al centro de salud que están justo al otro lado de las vías. El temor es que cuando se instalen las pantallas de metacrilato altas 5 metros previstas por las obras y se cierre el paso, lo provisional se convierte en definitivo, una vez más. Y estos barrios del sur queden marginados.

Lucia García Espada recoge todos los días a sus dos nietos de 6 y 2 años del colegio, saliendo de Santiago el Mayor para ir al otro lado, en el barrio del Carmen, donde vive su hija. En los pocos metros que separaban hasta ahora el colegio de la vía del tren se realizará la vía provisional por la que, mientras se hagan las obras del soterramiento, pasarán todos los trenes. Por esta vía también pasará el Ave cuya llegada en prueba está prevista en superficie para la primavera de 2018. El muro separará esta vía provisional y la catenaria del AVE del colegio o, por ejemplo, de la vivienda de vecinos como María Martínez Turpín.

Además de las promesas de soterramiento de hace décadas cuando aún ni se hablaba de AVE, hay un caso reciente que todos los vecinos mencionan y es el convenio que se firmó en 2006 para soterrar las vías y dio paso en 2010 a un proyecto de reordenación urbana de toda la zona, con urbanizaciones y zonas verdes. Una promesa sobre la que algunos invirtieron, comprando casa y negocios en la zona.

Isabel María Jorquera es la titular de una droguería que está justo al lado del paso a nivel de Santiago el Mayor. Sus hijos van al colegio al otro lado de las vías. También es la presidenta de la Asociación de comerciantes de la zona y todos comparten la misma preocupación: que las obras se eternicen y sus negocios se vean abocados al cierre.

Hay ya un tramo del soterramiento licitado, otro estará en primavera según lo que asegura Adif y las obras ya han empezado. Pero los ciudadanos no se lo creen.

Joaquín Contreras lleva treinta de sus 70 años siendo miembro de la Plataforma pro-soterramiento que se constituyó mucho antes de que se hablara de AVE. En sus palabras está la clave del por qué las protestas siguen y seguirán.

Para justificar ese miedo Contreras también pone otro ejemplo: Valladolid.

La solución que los vecinos proponen que el AVE llegue a la estación de cercanías de Beniel, a las afueras de la ciudad, o esperar a que acaben las obras de soterramiento.

Estas opciones no están sobre la mesa. El AVE, según los planes, tiene que llegar a Murcia en 2018. Y el temor es que repitan los incidentes y episodios de sabotajes de las últimas semanas.

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