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Un poco de exactitud

La exigencia mínima para quien opte a la presidencia de la Generalitat debería ser la misma: un programa concreto, comprensible, político y del que se responsabilice, sin excusas

Se supone que hoy miércoles es el día destinado a que los catalanes reflexionen sobre el voto que van a depositar el 21 y a quién van a encomendar que recomponga la situación política, económica y social en la que se encuentra Cataluña y sus instituciones. Las encuestas auguran un cierto empate y hasta que no se depositen los votos no es posible aventurar posibles acuerdos de gobierno. Imposible saber lo que va a pasar. Pero en lo que sí debería estar de acuerdo la gran mayoría de los catalanes, sea cual sea su opción política, sean independentistas o no, es en lo que ha pasado y en cómo se ha llegado hasta donde están. Para coincidir en ese análisis solo hace falta seriedad, es decir un poco de exactitud y esmero: es difícil imaginar una gestión más incompetente de una crisis política que la protagonizada por quienes han ocupado la Generalitat estos años. Cada cual votará lo que quiera, por supuesto, pero sería conveniente no ocultarse la realidad. Muchos catalanes se han sentido atraídos por un proyecto cuyas dificultades han banalizado. Además, los responsables de llevarlo a la práctica lo han hecho poniendo en riesgo la cohesión de la sociedad catalana, dividiéndola en lo que alguna vez se ha denominado “eternos combatientes”, que es una definición triste y angustiosa. La dificultad es que la campaña electoral no ha servido para aclarar cuál es el programa para los próximos cuatro años. Sea cual sea el voto, sea cual la opción de cada catalán, la exigencia mínima para quien opte a la presidencia de la Generalitat debería ser la misma: un programa concreto, comprensible, político y del que se responsabilice, sin excusas, paso a paso.

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Cadena SER

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