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Jueves, 23 de Enero de 2020

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Unidos por una aspiración, separados por la ideología

Pedro Blanco reflexiona sobre el enfrentamiento entre el PDeCAT y ERC, la corrupción del ex-comisario Villarejo y la pasividad de la justicia ante el guardia civil de la Manada

Antes de que acabe el día nos gustaría contarles algunas cosas. Contarles, por ejemplo, la hondura de la crisis entre Junts per Cat y Esquerra Republicana. Hoy se han escuchado palabras gruesas en el parlamento catalán entre los dos grandes partidos del independentismo, unidos en una aspiración pero históricamente separados por la ideología. Junts per Cat y Esquerra compiten por la hegemonía política y electoral y, en esas condiciones, no hay transversalidad que valga. La unidad pretendida por Carles Puigdemont en torno a su Crida nacional es una quimera de ribetes personalistas, la necesidad de seguir alimentando un liderazgo que el paso del tiempo y la normalidad institucional amenazan con diluir. Es probable que tras esta discusión nos representen la escena de la reconciliación, pero a nadie se le escapa que hoy el independentismo es algo más débil y con él, las instituciones a las que llevan al bloqueo y a la inestabilidad.

Nos gustaría contarles que el Ministro de Interior se propone extirpar el tumor de la corrupción policial, como se lo propusieron los que le precedieron. La metástasis Villarejo se proyecta sobre una de las piezas fundamentales de un estado: sus cuerpos de seguridad. Esos que han aparecido relacionados en los últimos años con los episodios más turbios: dosieres de ida y vuelta, acusaciones anónimas, espionajes, grabaciones ocultas... Esta es una democracia defectuosa, tullida, que ha permitido medrar a ciertos personajes a los que se les dio el poder de la extorsión.

Y antes de que acabe este miércoles también querríamos contarles la decisión de la Audiencia de Navarra de mantener en libertad a los miembros de la Manada. Pero hay algo que todavía no han hecho, decidir si envían de nuevo a prisión al guardia civil que intentó renovar su pasaporte nada más quedar en libertad condicional. Es una vergüenza, con todas y cada una de las letras de esa palabra, una vergüenza que pasen los días, que vayan cayendo las semanas sin que los jueces decidan si puede seguir en libertad un condenado a 9 años de prisión por un delito sexual que intentó conseguir su pasaporte. Les moleste poco o mucho a esos jueces, es una vergüenza. Necesitamos jueces independientes, nos merecemos jueces profesionales.

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