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Lunes, 23 de Septiembre de 2019

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Inequidad o iniquidad

Día sí y día también nos abruman desde gabinetes de comunicación y potentes centros de estudios dependientes de bancos y financieras, sobre los efectos de la debacle de 2008, para acabar haciéndonos llorar amenazándonos con la inminencia de otra nueva crisis. Está claro que una consecuencia de aquella locura que aún soportamos es el fenómeno de una mayor desigualdad, rota la sociedad por las diferencias entre jóvenes y viejos o mujeres y hombres. Lo llaman inequidad, con e, pero este Ojo prefiere llamarlo iniquidad, con i. Porque esas diferencias -¿de verdad pretenden enfrentar a mileuristas con jubilados?- son solo subproductos de lo evidente: que los ricos son aún más ricos, que los pobres son todavía más pobres, y que el neoliberalismo protegido e impuesto hasta la enfermedad por Bruselas, aquí acrecentado por la incompetencia de un Partido Popular ciego por reaccionario, tiene la mayor cuota de responsabilidad sobre el desastre. Y esa derecha contumaz sigue vendiendo las mismas recetas causantes de tanta desgracia, con la mentira por bandera como es habitual. Tiene que venir un Premio Nobel como Joseph Stiglitz para recordar todos los sesudos estudios que niegan que la subida del salario mínimo vaya a destruir empleo, como no se cansan de repetir los gurús del atraco. Dejen la iniquidad de pagar esos sueldos miserables y precarios, y ya verán como también se acaba con la inequidad.

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