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Jueves, 17 de Octubre de 2019

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Rusos Blancos: "No somos un grupo con muchísimos fans, pero para muchos de ellos somos su favorito"

La banda madrileña presenta este jueves 22 de noviembre su cuarto disco, 'Bailando hacia el desastre', en la Sala 0 de Madrid

El singular grupo Rusos Blancos, al completo /

Vodka, licor café y nata líquida conforman el popular cóctel de 'El gran Lebowski', sin embargo no es el único combinado que lleva el nombre de Rusos Blancos. Si en la coctelera agitas las relaciones de pareja con la vida cotidiana, el humor y la ironía puedes disfrutar de esta banda madrileña que presenta su cuarto disco 'Bailando hacia el desastre'

Manu, líder y voz del grupo, repasa en Fuego y Chinchetas cómo está la escena indie nacional, recorre la situación política actual de nuestro país, desgrana sus rincones favoritos del nuevo cedé de la banda y relata que aún tiene que explicar a sus compañeros de trabajo que su disco lo pueden comprar en cualquier tienda. Algo parecido le pasa a Betacam, Javi, Laura, Iván y Pablo, quienes completan Rusos Blancos. En sus nuevas letras -listas para estrenarse este jueves 22 de noviembre en la Sala 0 de Madrid- aparecen temas como el amor moderno, la crisis adulta o los planes de futuro, todo envuelto en pop bailable y su característico romanticismo bizarro.

¿Qué tiene Rusos Blancos que escuchando sus letras siempre te sientes muy identificado?

Intento ser muy honesto, muchas veces explícito en las intimidades, lo cual igual es un poco de exhibicionismo sentimental, pero al final hace que la gente se reconozca. El contar cosas que en realidad son tuyas creo que el oyente lo nota. "Este tío no me está contando un cliché, me está contando algo que es de verdad". Aunque no sea tu misma historia, te reconoces en la intimidad. Lo que más busco a la hora de escribir una canción es la identificación con el oyente.

Es un poco como un grupo de amigos que se junta para contarse sus problemas

Es lo que busco, que las canciones y los discos sean como si yo estuviera hablando con un amigo, con el grupo o con mi novia. Con un amigo con el que tienes esa relación de verdad que no cuentas solo la historia en la que quieres quedar guay sino que cuentas lo bueno y lo malo. En este disco en concreto cuentas tanto cosas de relaciones amorosas o del trabajo, como cuentas cosas de visión política o social.

¿Todas las letras de Rusos Blancos vienen de una experiencia personal?

Muchas veces suelo tirar mucho de experiencias mías pero a veces conoces algo de un amigo o de alguien y empiezas a contar una historia a partir de eso. Igual que el disco anterior ‘Museo del Romanticismo’ era como muy introspectivo, sí que era algo que me ha pasado a mí, como muy de dentro, en éste también lo que quería era contar historias, ser un poco más narrativo. Coger algo que me ha pasado a mí o a otra persona pero convertirlo en un relato, en algo un poco distinto y buscar un giro diferente.

¿Alguien en este planeta podría llevar una vida amorosa tan ajetreada como la que relata Rusos Blancos?

Creo que sí. Incluso diría que soy hasta tranquilo en ese sentido. ‘Museo del Romanticismo’ era como monográfico sobre el tema sentimental y sexual, que coincidió con mi época más suelta en ese sentido. Ahora ya llevo unos años en una relación estable que también se nota un poco en el disco. Pasamos por muchos altibajos, desde que empezamos hasta que fuimos pareja, que lo dejamos, lo volvimos a dejar, volvimos y tal... Es algo bastante común a día de hoy. Las relaciones ya no son como las de nuestros padres que fueron los primeros novios y ya para toda la vida. Ahora de repente has estado con no sé quién, luego te vas con la amiga de Fulanita y resulta que ella ha estado con uno del grupo de enfrente.

Si la banda fuese como una relación de pareja, ¿sufristeis una crisis antes de publicar el tercer disco?

Pero no a nivel interno. No fue una sensación de dejarlo porque nosotros estuviéramos mal o desgastados sino porque se juntó una sensación de que ya no sabíamos qué hacer. Habíamos dejado el sello anterior, habíamos sacado ‘Crocanti’ que había funcionado muy bien a nivel crítica y de público pero lo habíamos autoeditado nosotros y era muy jodido sacarlo adelante. Era como un segundo trabajo rollo jornada completa. Volvía de mi trabajo y tenía que hablar con la fábrica e intentar cerrar cosas. No querías autoeditar otra vez. Ni de coña, es agotador. Entonces no teníamos sello pero teníamos unas canciones y como mínimo las queríamos grabar y si acaso despedirnos con ellas. Pero no fue una crisis interna ni creativa. De hecho, en el momento en el que Elisa -la antigua batería- deja el grupo no es precisamente en el estado de no sabemos si vamos a sacar disco o no, sino precisamente cuando fichamos por Intromúsica Records y vamos a publicar el disco. No quería entrar en la rueda de festival, disco y demás. Según tu vida tiene mucho desgaste. Si tienes 25 años y un grupo, tienes poco más que hacer que ensayar. Es tu ocio y te lo pasas de puta madre, pero claro, cuando acabas de trabajar, trabajos de donde tienes responsabilidades, tienes más compromisos, quieres estar con tu pareja en casa... Es más jodido.

¿Cómo es la conciliación de tener un trabajo y un grupo?

Literalmente es tener un segundo trabajo. Sobre todo en grupos con nuestro estado, que ni somos tan pequeños como para que sea simplemente un 'hobbie', pero ni tan grandes como para que sea un curro. Es complicado manejarlo. El hecho de que nosotros estuviéramos apunto de dejarlo no es algo medio raro, creo que prácticamente todos los grupos de la escena estamos tan cerca de dar el salto como tan cerca de dejarlo. Fíjate, Nudozurdo, Odio París, ahora Delorean. Son grupos que han estado muy arriba.

¿Cuántas veces te han preguntado si vives de la música?

Muchas veces nos dicen: “¿Tú vives de la música, no?”. No, de la música viven los que están muy muy muy arriba. Como lo ves desde dentro dices, "bueno este verano no ha ido mal, hemos hecho algunas cosillas". Y la gente te dice “¡Lo estáis petando!”. Petando, petando no, créeme que no. Claro, de repente haces cinco o seis festivales y la sensación que hay es esa. 

Claro, está el fenómeno Vetusta Morla o Izal que llenan hasta el Palacio de los Deportes

Ellos hacen sus salas y llenan. Nosotros vamos a tocar a cualquier ciudad pequeña y no sabemos si se nos llena la sala o no va nadie. Aquí en Madrid es parecido. Un grupo que vaya muy bien, de repente en un bolo presentan disco y se encuentran con la sala con medio aforo y no sabes por qué. Si ha coincidido que ese día llovía, que tocaba no sé quién y de repente el siguiente bolo meten 600 personas y no ha cambiado nada por el camino. Esa sensación de precariedad. En nuestro mundillo entendemos muy bien lo que es tener un grupo pero en mi trabajo cuento que estoy en un grupo y la gente me mira como si fuese un extraterrestre. Cuando es gente ajena a la música piensan te juntas con los colegas a hacer versiones. Y de repente te dicen, “¿y estás en algún lado?”. Por ejemplo trabajo dentro de un centro comercial y digo “vete y allí está mi disco”. "¿Cómo? ¿qué está tu disco ahí? ¿y estás trabajando aquí? ¿y en YouTube estás?". Si esto fuera fútbol, ni lo que hago es juntarme con los colegas a jugar una pachanga y ya está, ni juego la Champions League. Somos futbolistas de Segunda B que de repente tenemos una temporada buena y nos vemos jugando en el Alavés o nos jodemos la rodilla y tenemos que dejarlo para siempre. Es un poco el símil que les hago.

Hace dos meses de la salida de ‘Bailando hacia el desastre’ vuestro cuarto disco y sigue el estilo puro de Rusos Blancos pero, ¿qué ha cambiado de lo anterior?

El disco lo veo como un compendio de toda la historia de Rusos Blancos. ‘Crocanti’ era más electrónico y aquí tenemos canciones que son bastante electrónicas. Tenemos canciones un poco más clásicas orquestales como las que hemos podido tener al principio. Hay cosas de pop bailable pero sin ser electrónico como puede ser “Señores”. Canciones un poco más oscuritas como podíamos haber hecho en ‘Museo del Romanticismo’.

Y vuelve Paco Loco. ¿Cómo es trabajar con este icono de la producción indie?

Trabajar con Paco Loco es súper guay. Los dos primeros discos los hicimos con él y una de las cosas que yo pensaba cuando hablábamos antes de que igual el grupo no seguía era como mínimo grabar un disco más con Paco. Recomiendo a todos los grupos que graben un disco con él porque más allá de la calidad y el talento que tiene como productor, que es espectacular, es que es muy buena gente. Es una persona muy generosa, muy cariñosa y con la que lo pasas muy bien. Su mujer también, es una cocinera espectacular, pasa mucho tiempo con los grupos y nos reímos mucho con ellos. Es una especie de campamento, de vacaciones con el grupo. Crea un clima súper bueno y lo que más valoro de Paco es que tiene un talento como psicólogo de banda acojonante. Si uno está de bajón intenta que todo el mundo esté integrado en la grabación. Al final, ir a grabar con Paco se convierte más en un fin que en un medio.

En este disco aparece el paso del tiempo y los planes de futuro como en “Ten cuidado, te vas a enamorar” y “Señores”. Pero me gusta mucho la forma con la que conjugas política, lucha de la clase obrera y amor en “Primero de mayo”. ¿Cómo ves la situación política del país?

Me parece muy jodida. Me provoca una ansiedad y un pánico enorme la sensación de hacia dónde vamos. Como se ha recortado, como se ha derechizado la sociedad de diez años para acá. Es como retroceder en derechos laborales, en libertades, admitir comportamientos violentos, intolerantes, y da la sensación de que la línea cada vez se va yendo más allá. Hasta hace unos años tendíamos a pensar que el curso natural de la historia era el progreso, era ir hacia delante y de repente es como si se hubiera invertido ese concepto y es como si estuviéramos involucionando de una manera salvaje. Aquí en España en concreto estamos con el tema de la ultraderecha pero es que luego tenemos a Rivera y Casado. Este último está llevando todo al nivel de disparate extremo.

Y en "Mi crush" también reflejas otro fenómeno político de los últimos meses: "banderas desteñidas en todo balcón"

Estaba haciendo la canción cuando ocurría todo el tema del 1 de octubre, la gente con la bandera en el balcón y tal. Que me parecía bastante deprimente de por sí. Por ejemplo, los americanos tienen el rollo de la bandera pero lo respetan mucho, es un ritual. Si llueve, salen y retiran a bandera para que no se moje la bandera. No es llego un día porque me he venido arriba y que le den por culo a la bandera. Está lloviendo, se está destiñendo, cae granizo, se llena de barro... algunos incluso sin planchar. Hay que decidir cuál es la tonalidad de rojo y de amarillo, no puede ser que uno tenga un color y el vecino otro. Si realmente se supone que quieres tener ese nivel de respeto a la bandera, pues tenlo de verdad. No la dejes puesta y que pase ahí lo que pase porque al final eres tú la que la está convirtiendo en un trapo. En EEUU se ve como una falta de respeto brutal dejar la bandera bajo la lluvia. 

En esta canción, desde el título, "Mi crush", se ve que los códigos del amor van cambiando. Hay redes sociales, hay apps para encontrar el amor... Como banda que habla del amor, ¿habéis notado estos cambios desde vuestro inicio hasta ahora?

Sí que se nota bastante. Llevo ya bastante tiempo sin estar soltero pero hablando con amigos me decían que no saben ya si se liga en bares. En mi última etapa de soltería, Tinder estaba arrancando y lo tuve un tiempo aunque he de decir que para mí no tenía mucho sentido, lo que menos me gusta es la charla banal. La charla banal tomándote una copa en un bar pues todavía lo puedo entender, pero en Tinder, en mi casa, en pijama, me parecía tedioso al máximo. Pero sí, se ha convertido en el estándar de relación de pareja, lo cual me parece bastante curioso. Cambian las formas, los formatos, pero el sistema es el mismo, quiero decir, ahora los jóvenes, que hasta me excluyo de ese grupo, lo llaman ‘crush’ pero antes se llamaba de otra manera. Lo importante es la sensación esa de tener un cuelgue con alguien que no responde a nada racional y que es como puramente químico. Puedes cambiar los nombres, puedes cambiar los formatos pero al final el rollo sigue siendo el mismo.

Como banda, ¿cuál es vuestro 'crush' musical?

Aquí cada uno te dirá lo suyo. Soy super fan de Jens Lekman, es una cosa extrema, adoro a ese hombre. Es ponerme un disco suyo y me salen veinte ideas para canciones y me encanta sus letras, su manera de componer, su manera de producir. Me vuelve loco. Si intento pensar en Javi, sé que ahora está como loco con Lorde. Iván seguramente cualquier grupo así noventero. Durante años he estado como loco con The Smiths pero Morrissey lo pone muy difícil. Morrissey es un poco como Javier Marías que lees sus artículos del domingo y te cuesta recordar que te gustaba como escritor. Es un poco parecido.

La banda madrileña Rusos Blancos presenta 'Bailando hacia el desastre' / Intromúsica

Este jueves presentáis 'Bailando hacia el desastre' con la colaboración de Cariño y Paula de Las Odio. ¿Por qué ellas?

No teníamos pensado que fuera un concierto de colaboraciones porque es algo que ya hemos hecho. Pero sí que para unas canciones que hay como mucho coro de chica está guay y nos apetecía colaborar con ellas. Creo que va a sonar pretencioso pero con las Cariño porque por un lado me siento casi reivindicado en lo que hacen ellas. Veo una especie de línea de conexión. Hace poco les pidieron que hicieran una lista de canciones y metieron una nuestra. Me hizo mucha ilusión. Igual que nosotros cogíamos cosas de grupos anteriores a nosotros y hemos construido una línea como puede ser con la Costa Brava, me gusta mucho ver a este grupo de canción pop que se preocupa por las relaciones personales y que no tiene esa pretensión como intelectualoide. Y con Paula de Las Odio porque, aunque hacen un rollo muy distinto a nosotros, nos mola un poco esa línea de canción social, con mensaje. La combinación de ellas queda muy guay.

Además son dos bandas que ahora, en este movimiento feminista que vivimos, sobresalen

Representan dos aproximaciones a eso que dices. Existe la versión más reivindicativas y explícita aunque también con letras que tienen ese punto divertido o de contar historias reales como Las Odio. O con una reivindicación no tan explicita como puede ser Cariño pero también como muy latente en su manera de actuar. Seguramente es un grupo que hace diez años no hubiera salido de esa forma. En ellas se ve esa conciencia feminista que las generaciones más jóvenes, por suerte, tienen de serie, que no tienen que haber aprendido como puede ser mi caso.

Las Cariño son el claro ejemplo de lo que hablábamos antes, el "lo estáis petando"

Es curioso porque es algo que antes no pasaba y que me da una envidia enorme. Es algo que pasa en Estados Unidos y sobre todo en Reino Unido. El hecho de que un grupo sin disco lo empezase a petar mucho. Eso aquí no pasaba y de repente ha empezado a pasar con Carolina Durante, Cariño, Putochinomaricón… Me parece algo que está guay y ojalá hubiese empezado a pasar mucho antes. Nosotros cuando hicimos el primer disco éramos un grupo muy poco rodado porque claro, sin disco no tocabas. En estos primeros trabajos ellos han tocado casi más que lo que habíamos tocado nosotros cuando llevábamos dos discos. Me alegro que esos grupos que empiecen se empujen más desde el principio.

¿Y por qué pasa esto ahora?

Eso lo vinculo un poco a nuestra generación. Empezamos a sacar disco en el estallido de la crisis y la crisis afecto a todo. Tengo la sensación de que los festivales y medios tenían que ir a asegurar por lo que se redujo mucho al núcleo de a qué grupos se llamaba. De hecho, si me pongo a pensar a grupos de nuestra generación, muy pocos despuntaron. Pienso por ejemplo en la generación previa, Triángulo de Amor Bizarro o Los Punsetes y ellos sí que han podido sobresalir poco a poco, dentro de que les ha costado mucho más de lo que debía. Por ejemplo, Los Punsetes es un grupo que desde el segundo disco era una banda para estar ya arriba y creo que precisamente ese mundo de crisis se retraso ese estado en el que están ahora. Pero si pienso en grupos de nuestro entorno rollo Cosmen Adelaida, Hazte Lapón... Odio París es un grupo que si llega a nacer antes o ahora hubieran hecho un Carolina Durante porque hubo mucho 'hype' cuando salieron pero no hubo lugar a más. Decir que la crisis ha terminado no me gusta mucho porque no lo comparto en absoluto, pero ahora que en el nivel macroeconómico la cosa va mejor y las marcas tiene más dinero pueden apostar por festivales y meten más presupuesto… esto hace que puedan llamar a esos chavales que tienen tres canciones y  puedan crecer mucho más. Me da una envidia enorme pero me alegro un montón y ojalá se mantenga así.

Pero esto os puede llegar a jugar en vuestra contra, ¿no? 

Nos pasa un poco. Pienso que a lo largo de nuestra carrera, como grupo, hemos estado en tierra de nadie en casi todos los aspectos. Éramos demasiado raros o demasiados personales en algunas cosas, Metíamos cosas muy singulares como para ser 'mainstream' pero demasiado comerciales como para ser 'underground'. Demasiado clásicos como para ser modernos pero con cosas raras como para decir que somos un grupo clásico. Ahora no somos ni de la generación que está asentada ni de la nueva porque claro llega un día que te consideras un grupo novel y cuando te quieres dar cuenta te has convertido en un grupo veterano y no sabes cómo has llegado ahí. "Pero si hace dos días se supone que era una promesa y de repente tengo cuatro discos". 

¿La llegada del sello Intromúsica Records a raíz de 'Museo del Romanticismo' se ha notado en ese despegue del que hablas?

Intentamos no pensar mucho en el salto o no salto. No hacemos las canciones pensando en eso porque te aboca a la frustración sí o sí. Intentas hacer las canciones que te gustan y dentro de eso intentas hacerlas lo mejor posible y si con ese tipo de canciones llegas a más cantidad de gente pues mejor. No tiene que haber nada más frustrante que hacer canciones que no te gustan y encima pegarte una hostia porque no le interesan a nadie. Pero sí que es cierto que desde 'Museo del Romanticismo' hasta ahora la sensación es que vamos creciendo más. Es el disco con el que más hemos tocado con diferencia, hicimos muchas ciudades y en la mayoría de ellas con bastante público, más del que imaginábamos. Hicimos un montón de festivales. Iba con miedo porque hacía mucho tiempo que no hacíamos este tipo de circuito. Con ‘Tiempo de nísperos’ -el disco anterior a su llegada a Intromúsica-, que a nosotros es un disco que nos gusta mucho y que a nivel crítica funcionó super bien, tocamos una mierda. No nos llamaron para tocar en ningún lado. 

¿En los festivales qué os encontráis?

A casi todos los festivales que voy pienso, ya verás no va a haber ni cristo y luego de repente salgo y está muy bien. Para empezar flipo porque hay gente que se saben las canciones desde que arranca el concierto hasta que acabo. Las cantan todas. Luego está la gente que también se acerca y te dice "no os había conocido hasta ahora y me ha molado". Pero siempre vas con ese temor… Nuestro tipo de ser un grupo singular y personal también juega a nuestro favor porque igual que hay gente que nos ve y se pregunta "quién es esta gente rara" y se pira, también hay un montón de gente que, acostumbrada a una cierta homogeneidad de los festivales, de repente se encuentran una cosa que se sale un poco de lo que esperan. Hay una implicación de lo emocional. Eso me gusta mucho. Igual no somos el típico grupo que tiene muchísimos y muchísimos fans pero para muchos de nuestros fans somos su grupo favorito. Eso me parece muy guay. Por lo menos lo que no provocamos es indiferencia y formas parte de algo muy personal de la gente. Saber que para la gente somos su grupo. Igual lo somos para menos gente que en otros grupos pero para esa gente somos como algo suyo. Igual dentro de diez años lo hemos dejado pero habrá gente que siga escuchando nuestros discos. Es con lo que te quedas.

Ahora giráis por salas pero ¿pasará lo mismo con los festivales?

Esperamos que sí porque es lo único que a día de hoy garantiza la viabilidad de un grupo. Ha cambiado la manera de consumir el directo, ahora se entiende como un festival. Es algo que antes no pasaba y lo noté en la gira anterior. Igual íbamos a tocar a Murcia y había gente que nos decía “soy súper fan vuestro pero como ya vais a venir al festival no voy a la sala”. Al final los políticos dicen que la crisis ha acabado pero no. Entonces la gente tiene su dinero que se puede permitir para música y van a lo que pueden. En un festival me parece razonable porque vas y ves a veinte grupos y en la sala solo me ves a mí. Yo en un festival me lo paso muy bien, son dos formatos distintos, pero lo que a mí me gustaría es que siguieran conviviendo los dos en la medida de lo posible. En una sala te puedes permitir hacer canciones que en un festival no te puedes permitir ni de coña. Tienes 45 minutos y no te vas a hacer la balada que dura siete, no te vas a hacer ninguna cara b. Además hay un montón de público que no te conoce y le tienes que dar lo preciso para que se mantenga arriba. En una sala te puedes permitir ciertos detalles, es una visión más completa. Espero que eso no se pierda pero la sensación que tengo es que eso lo podemos hacer en Madrid si acaso Barcelona y luego tres o cuatro ciudades más, el resto en festivales.

Con este cuarto disco, Rusos Blancos alcanza la madurez en busca de ese salto del que Manu nos habla. Su honestidad y agudeza hace que todos nos encontremos en sus letras. Quien sabe si alguna vez conseguirán tocar con su 'crush', pero lo que está seguro es que lo harán 'Bailando hacia el desastre'.

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