Miércoles, 18 de Septiembre de 2019

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LA OPINIÓN

Qué pena y qué rabia

No conocemos todavía los detalles del crimen de Laura pero ella se suma al goteo insoportable de asesinatos de mujeres que convierte en imprescindibles las leyes de violencia de género

En días como hoy me pregunto: ¿alguien puede dudar de que a las mujeres nos encantaría no tener que hablar continuamente de los crímenes machistas? Entre otras cosas, porque eso significaría que no nos matan. Muchos hombres, lo sé, tampoco querrían escuchar lo que ahora vamos a contarles. A Laura Luelmo la han matado cuando salió a hacer algo que hacen millones de personas cada día, caminar, correr... Y esa sencilla actividad se convirtió en un ejercicio de alto riesgo en apenas un segundo. Porque Laura era mujer y tenía, de facto, su libertad y sus derechos recortados en la calle. Una compañera me decía esta mañana: “A ellos cuando salen a correr les preocupa quedarse sin agua o, como mucho que les roben. A nosotras, a nosotras, ya se ve”.

No conocemos todavía los detalles del crimen de Laura pero ella se suma al goteo insoportable de asesinatos de mujeres que convierte en imprescindibles las leyes de violencia de género, la revisión del Código Penal, las medidas desde la educación hasta la economía por la igualdad. Porque lo decimos hoy de Laura como en su día de Leticia Rosino, de Diana Quer o de las 46 asesinadas este año, que si constan como violencia de género, o de las 974 desde que existen registros. Lo que mata es la desigualdad que permite pensar que las mujeres somos solo un cuerpo disponible.

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