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Martes, 22 de Octubre de 2019

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'Tonificar' y otras palabras que los entrenadores odian

  1. Hablemos con propiedad. Definir y tono muscular. Son palabras que hacen un abordaje demasiado frívolo de la que es nuestra profesión. Podemos ganar masa muscular, ganar fuerza... Pero “tono” implica enfoques simplistas de una realidad como el entrenamiento en la que, basándonos en la fisiología, aplicamos diferentes estímulos para conseguir diferentes adaptaciones u objetivos.
  2. Fuerza o Cardio para perder peso. Ambas. Tanto el entrenamiento de fuerza como el cardiovascular nos aportan beneficios a la hora de mejorar nuestra composición corporal. El principal objetivo de una persona que quiere perder peso debería ser la mejora de su fuerza máxima (ser capaces de mover con más facilidad su propio peso corporal). Esa mayor funcionalidad nos llevaría a conseguir también adaptaciones cardiovasculares. Dicho esto, el entrenamiento cardiovascular por sí mismo también puede producirnos mejoras en nuestra composición corporal. Para obtener mejores resultados se podrían combinar ambos tipos de entrenamientos.
  3. Ejercicios de “chicos” y ejercicios de “chicas”. No deberían existir diferencias de género en la selección de ejercicios. La mujer puede y debe hacer las mismas acciones y movimientos que un hombre. No hay ejercicios específicos según el sexo del practicante. Las mujeres y los hombres son capaces de entrenar los mismos gestos. Las mujeres deberían entrenar con ejercicios que utilizan los hombres; peso libre, trabajo con el propio peso corporal y perder el miedo a trabajar con intensidad (carga). Muchas todavía creen que el entrenamiento de fuerza está compuesto por series en las que muevas poco peso y hagas un número infinito de repeticiones.
  4. "Coma lo que coma lo compenso con el gym". Es cierto que un mayor gasto energético conlleva que quememos más calorías, pero si lo que queremos es mejorar nuestra composición corporal tenemos que controlar nuestra alimentación. Sin una alimentación saludable los resultados no son igual de buenos. El gimnasio no debería ser una excusa para abusar de alimentos no saludables.
  5. El “poder” de la vuelta a la calma. La vuelta a la calma después de una actividad principal de entrenamiento puede ser activa (se realiza actividad física) y pasiva (ausencia de actividad física). Los ejercicios de vuelta a la calma activa, de forma tradicional, se han utilizado debido a la creencia popular de que promovían la recuperación posejercicio de forma sustancialmente mayor que la vuelta a la calma pasiva. Además, siempre se ha creído que ayudaban a paliar los efectos del DOMS (Delayed Onset Muscle Soreness, dolor muscular tardío o lo que comúnmente conocemos por «agujetas») provocado por el entrenamiento. Sin embargo, las evidencias actuales (Van Hooren y Peake 2018) no muestran que mediante esta técnica se consigan los objetivos anteriormente propuestos. Según esta revisión, una vuelta a la calma activa es inefectiva con respecto a la mejora del rendimiento durante el mismo día o el siguiente. Solo se han observado pequeños y puntuales efectos beneficiosos. Tampoco previene lesiones. Sin embargo, realizar vuelta a la calma activa podría prevenir parcialmente la depresión del sistema inmune y promover una recuperación más rápida de los sistemas cardiovasculares y respiratorios.

*Sara Tabares es entrenador personal en Valencia y directora de Perfoma Entrenadores Personales.

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