Sin complejos, oye
Seguro que han notado ya que la expresión <i>sin complejos</i> hace furor en el disputado campo de la derecha española

La política no es solo ideología, gestión, valores o emoción. Hay batallas que se juegan en el campo semántico, y seguro que han notado ya que la expresión ‘sin complejos’ hace furor en el disputado campo de la derecha española. Es como una descarga de adrenalina para los militantes y que los líderes pronuncian como saboreándola, dejando después un silencio enfático, que pronto se llena de aplausos.
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El manual de uso es amplio: aplíquese a una candidata o candidato sin complejos, de un partido sin complejos, con un proyecto sin complejos. En sí no dice mucho ni compromete a nada, lo cual aumenta su encanto como muletilla política. Pero da a entender que quien la pronuncia tiene las ideas muy claras, frente a la confusión de los otros, ya sean los de enfrente, o los de antes. Si tú aplaudes, es que también eres una persona de una pieza.
Conviene acreditar a su autor: José María Aznar. Cuando ganó las elecciones por mayoría absoluta en 2000, y ya no necesitó de los votos de Pujol, declaró que había llegado el momento de hablar de España sin complejos. Lo convirtió en su mantra. Y ahora, casi dos décadas después, triunfa de manera arrolladora. El primero en rescatarla fue Albert Rivera, y ahora a Pablo Casado y a su equipo no se les cae de la boca. Es la coletilla en auge, el guiño de la nueva derecha a su vieja guardia: sin complejos, sin máscaras.




