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O Sánchez gana o todos perdemos

Josep Ramoneda analiza la decisión de Ximo Puig de adelantar las elecciones valencianas para hacerlas coincidir con las generales, la declaración de José Antonio Nieto hoy en el juicio al procés, los problemas de la izquierda mundial y la situación en Argelia

En el juicio contra el proceso catalán empiezan a desfilar los testigos que deberían sostener el relato de la fiscalía hasta ahora invisible. Hoy el protagonista ha sido el secretario de Estado de Interior de aquel momento, José Antonio Nieto. Ha puesto en evidencia a sus superiores al dar a entender que sobre los operativos policiales del 1 de Octubre, él propuso y el ministro dispuso. Ha apostado por Trapero como malo de la película y por los mossos de Esquadra como responsables de que hubiera urnas. Y ha desconcertado al personal al decir que técnicamente no hubo cargas policiales. Será que los profesionales de seguridad tienen razones que ni los ojos ven ni la razón entiende. José Antonio Nieto ha tenido que probar la medicina del abogado defensor Melero, un interrogador contundente que ha demostrado una eficacia que tendría que hacer reflexionar a los que han antepuesto la defensa política a la técnica. Continuará.

Oportunismo de calendario. Ximo Puig, con malos augurios en las encuestas, convoca las elecciones valencianas para la misma fecha que las generales. Quiere aprovechar la lluvia de voto útil a Pedro Sánchez ante la amenaza del tridente conservador, para regar su mustió electorado. El presidente se ha convertido en la tabla de salvación de los barones del PSOE que le miraban por encima del hombro. O él gana o todos perdemos.

Sanders anuncia candidatura a las primarias del partido demócrata americano; victoria arrolladora de Nicola Zingaretti en las primarias del partido democrático italiano, en un voto que manda a las tinieblas a los neoconservadores estilo Mateo Renzi. Parece que la izquierda quiere despertar, ahora hace falta que sepa explicar a dónde y cómo quiere ir. Esperemos que su irrupción no sea tan breve como la de Podemos, que afronta las próximas elecciones atrapado en la peor de las enfermedades del izquierdismo: el delirio gropuscular. Creció mientras supo sumar, pero ha sido una ilusión: la pulsión fragmentadora se lo está llevando todo por delante.

Todos los países del mundo tienen un ejército, salvo Argelia en que el ejército tiene un país”, la frase es del escritor argelino Mohamed Kacimi y resume el impasse en que el país está instalado después del golpe de Estado de Bouteflika y de la guerra que dejó decenas de miles de muertos. En un país con el 45 por ciento de la población menor de 25 años, la juventud ha roto el silencio. Pero la oligarquía material busca perpetuarse.

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