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'Beautiful Boy': las drogas también destruyen a los burgueses

El realizador belga Felix Van Groeningen dirige este drama, adaptación de dos libros autobiográficos, sobre la adicción a las drogas de un joven y la obsesión de su padre por salvarlo. La desintegración de un amor paterno-filial, un tragedia transversal que se ha convertido en epidemia en EEUU. Protagonizan Steve Carell y Timothée Chalamet.

En el programa informativo matinal de 'El Cine en la SER': 

Es complicado para el cine acercarse a la adicción a las drogas, encontrar el tono. Hollywood ha glorificado durante décadas su consumo, ya sea para la evasión o el desmadre, y sigue siendo un tema tabú para la sociedad americana. En ese intento por retratar una tragedia silenciada, Brad Pitt, en su papel de productor, buscó al realizador belga Felix Van Groeningen, nominado al Oscar por Alabama Monroe hace unos años, para dotar de sensibilidad y puntos de vista al relato de un padre y su hijo en esa lucha contra las drogas

Steve Carell, el que fuera rey de la comedia, suma otro notable papel dramático con este padre obsesivo, un periodista que convierte en adicción y tortura salvar a su primogénito, un adolescente especial fruto de su primer matrimonio. La cinta se basa en una historia real, en los libros autobiográficos que David Sheff y su hijo Nic escribieron por separado sobre todo el proceso, dos enfoques de las mismas vivencias.

Timothée Chalamet, la joven promesa del cine nominado al Oscar por Call me by your name, se sumó al proyecto antes de ser una estrella. El intérprete dota de fragilidad e inestabilidad mental a este personaje nihilista, un chico culto y creativo incapaz de salir adelante, tentado por la evasión de camino fácil.

En su debut en Hollywood con una cinta en inglés, Groeningen aporta varios matices interesantes. Coloca el problema, el drama de las drogas, en una familia acomodada, de clase alta. Es una tragedia transversal. Y centra en ese núcleo los efectos de la adicción y la ayuda que puede prestar el entorno ante un sistema donde las clínicas de rehabilitación también operan bajo la lógica del capitalismo. "No es solo acerca de la adicción, se trata de la familia, de una familia que pasa por eso y que en realidad también se está recuperando... Pensé que aunque sabemos lo que hace, existe una verdad dura con muchas partes... Y de hecho, es una película sobre un amor incondicional y la esperanza al final", decía en la rueda de prensa del Festival de San Sebastián. 

El realizador intercambia esos puntos de vista de una realidad compartida y juega con los flashback y una playlist embaucadora en una obra en la que tono, propuesta visual y mensaje caen por momentos en contradicción. Procedente de una familia hippie, asegura que su intención era humanizar a todas las partes involucradas. "Yo también en el pasado, y mi familia no había tenido esas herramientas cuando habíamos tratado con eso. Pensé que era lo más importante que esta película podía hacer: compartir historias de personas que luchan contra la adicción y crear una empatía con estas personas". 

Los fallecimientos por sobredosis de opiáceos son ya la primera causa de muerte en EEUU. Cada día, más de 130 personas perecen por este motivo, una epidemia que afecta especialmente a los jóvenes. "La adicción no tiene límites y no discrimina en función de raza, género o clase, sino que cualquiera puede verse afectado por una adicción o el alcoholismo. En EEUU es particularmente una crisis, una crisis con los opiáceos ahora mismo. La mayoría de la gente tiene una adicción a los opiáceos y las sobredosis matan más que los accidentes de tráfico o la violencia con armas. Es el mayor asesino ahora mismo". 

Decía Timothée Chalamet en el pasado Festival de San Sebastián que esperaba que la cinta sirviera para establecer un diálogo, para que dejara de ser un tema del que avergonzarse, alejar esa idea de martirio y buscar salidas. El joven actor enmarcaba en la tiranía de la sociedad digital el posible origen. "Es algo que afecta globalmente, pero especialmente en Estados Unidos. Creo que se debe a la desilusión que tiene la gente en este mundo digital y tecnológico. Algunas veces es una desilusión de la propia realidad, no es una coincidencia". 

Beautiful Boy, siempre serás mi hijo es un un viaje de autodestrucción, de impotencia, de adicciones compartidas, de un vínculo que se rompe, de un amor paterno filial que se pierde.

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