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La rebeldía de Trapero

El muy popular Trapero desnudó ayer al bastante popular presidente huido

La jornada de ayer en el Supremo sobre el “procés” secesionista catalán fue extraordinaria. La más singular, políticamente, de las 16 ya transcurridas. Y eso fue así porque el Major de los Mossos, Josep Lluís Trapero –también acusado de rebelión—rompió algunas presuntas verdades instaladas en el imaginario colectivo.

Una falsa verdad consistía en que los Mossos habían secundado el pulso rupturista de su Govern. No fue así. Antes de Trapero, el comisario Castellví ya explicó a los jueces que había reprochado el días 26 de septiembre de 2017 a Carles Puigdemont su deriva ilegal, muy peligrosa porque podía desembocar en una “escalada de violencia” eldía del inminente referéndum, el 1-O. Enseguida su colega el comisario Quevedo añadió que ese reproche se repitió en una segunda reunión, el día 28, exigida por Trapero, y que habían asistido a ella los cinco comisarios que constituían la cúpula de la policía autonómica.

Ayer el Major completó el cuadro de la rebeldía de los Mossos contra su disparatado Govern. Añadió que ambas reuniones habían sido forzadas por él. Que él y sus colegas advirtieron al presidente, al vicepresidente y al consejero de Interior que debían desconvocar el referéndum, por ser ilegal y peligroso; que los Mossos cumplirían su deber como policía judicial, que defendían el ordenamiento y la Constitución y que “nadie se equivocase” sospechando lo contrario.

No lograron su objetivo, pero dos días antes de la declaración de independencia del 27 de octubre ultimaron un plan para detener al president faccioso y a todos sus consellers, y lo ofrecieron al Tribunal Superior de Justicia de Cataluña. No fue aprobado. Pero solo el conocimienro público de este episodio quizá module algunas crédulas visiones de la amplia familia indepe.

De hecho, el muy popular Trapero desnudó ayer al bastante popular presidente huido. Derrumbó su imagen. E hizo migas otra falsa verdad: la presunción de que es imposible ser muy catalanista, incluso secesionista, y defender al mismo tiempo al Estado de derecho contra los aventureros y los rupturistas. La pesadilla de pensar en un president detenido y encerrado por la policía catalana quitará mucho sueño a algunos. La cuestión es ¿a cuántos?

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